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Bastó un indicio para condenarme

POR VILMA FERNÁNDEZ PERALTA
Agosto de 2005


Tengo 31 años de edad, de los cuales 11 años los he pasado en prisión, estudiaba en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, trabajo Social, 5to año. Presento mi testimonio, a fin de que la sociedad conozca una realidad, acerca de la cual, casi nada, o poco, se ha escrito y la que se ha tratado de ocultar; una realidad que tiene como secuela que, cientos de mujeres: madres, hijas y hermanas, nos encontremos hoy privadas de nuestra libertad, acusadas, sentenciadas y por qué no decirlo "estigmatizadas" por el llamado delito de "terrorismo"; también hubo quienes aprovechándose, vendiendo una imagen de: "tranquilidad", "paz social", que "sí se puede andar por las calles", mientras, por debajo, saqueaban el país, hundiéndolo en la corrupción más profunda; como lo prueban las numerosas denuncias que hoy conocemos y que descaradamente ex ministros, funcionarios, militares, etc. buscan eludir su responsabilidad.

Fui detenida, el 16 de mayo del 93, cuando regresaba a mi casa, el carro en que viajaba fue interceptado por varios hombres, se generó un choque y tiroteo, logré salir del carro, me refugié en una casa explicándole a la señora lo que sucedía; luego entró la policía violentamente y al ver que era estudiante de San Marcos me insultaron de "terruca". Me cogieron y me trasladaron a la avenida Aramburú para hacerme la prueba de absorción atómica y saber si había usado algún arma.

Luego, ése mismo día, me condujeron a la DINCOTE y es ahí, donde a pesar de mi situación de maltrato, siguieron golpeándome e insultándome hasta ser puesta en un calabozo, una celda oscura; me acomodé encima de unos cartones sucios, estaba adolorida y confundida, ni las ratas que se paseaban me importó; a eso de las 12 pm escuché gritos desgarradores de varones.

"Queriendo humillarme, me tiraban de un lado a otro como trompo, cogían mi pezón y me jalaban, me cogían las nalgas y se burlaban..."

AI día siguiente me llevaron a sacar huellas, tomaron mis datos. En la tarde, al ser interrogada por el capitán del Delta 1, me preguntó acerca de las circunstancias de mi detención, qué opinaba de la situación del país; si había leído obras de Lenin o Mao. A esto le respondí que sí, además que siempre pensaba que uno podía expresarse libremente, y que había llevado cursos de Materialismo Dialéctico y Materialismo Histórico, que eran parte de la formación académica que la universidad brindaba. No pensé que ello podría perjudicarme.

Pero, así fue, en la noche, aproximadamente 10 pm., me sacaron del calabozo y me vendaron, me desvistieron a la fuerza quedándome en truza y vendada. Me llevaron en un cuarto y ahí escuché la misma voz de la persona con quién conversé en la tarde: "No quieres colaborar, tú misma te lo has buscado" y empezó a tocarme, me tiró al suelo y se colocó encima, moviéndose a la vez que decía : "di todo lo que sabes,que éstos que están esperando son peores, van a hacer de ti lo que quieran". Les respondí que no conocía a los hombres del carro. Molesto, llamó a otro torturador y éste me llevó con los otros; escuché que estaban torturando a otras personas, por los gritos de dolor, eran varones y ahí experimenté su "investigación científica", su "profesionalismo"; ellos, que ocultaban sus nombres con apodos, como "Anchor", "Latino", "Covadonga", "Kiko", para tapar la vergüenza de su trabajo, quienes buscando denigrar mi persona, queriendo humillarme me tiraban de un lugar a otro como a trompo, cogían mi pezón y me jalaban, me cogían las nalgas y se burlaban, uno de ellos me tiró al suelo baca abajo, me amarraron los brazos hacia atrás con cuero, mientras que los demás festejaban, disfrutaban.

¿¡No tendrían madres, hermanas, hijas!?

Se olía a licor y cigarros, había música estruendosa, yo sólo gritaba de dolor, hasta que sentí que me elevaba y quedé colgada con los brazos cruzados por la espalda.

¡Fue terrible! y no sé cuanto tiempo estuve así, después de un lapso, me bajaron porque pensaban que se les había "pasado la mano".

Me dijeron: "tenemos 30 días contigo, esto sólo es el comienzo", se fueron todos, menos uno, que me empujó contra la pared, diciéndome "Te va a pasar ese dolor, estira tu brazo"; su intención no era ayudarme, este degenerado había esperado que se vayan los otros para ponerse detrás mío y moverse obscenamente; yo no tenía fuerzas ni para articular palabra y sólo era el primer día en DINCOTE, estuve los 45 días llena de temor y angustia Cuando llegaba la noche las torturas a los detenidos hombres o mujeres eran rutina, estos eran, pues, los lineamientos de trabajo de la división contra el terrorismo; durante el día eran tramitadores, hacían registros domiciliarios, había quienes engañaban a la familia que estaba desesperada, le hacían creer que si pagaban dos mil o tres mil dólares sus hijos saldrían en libertad. Por esas fechas llegaba tanta gente detenida, los calabozos estaban repletos; bastaba cualquier indicio para arbitrariamente ser acusados de "terroristas"; ellos burlándose decían, "la tarifa es: si estás 15 días en "investigación" el premio es 20 años de sentencia, si estás 1 mes, 30 o cadena perpetua.

Su trabajo en el día era lo administrativo, eso era lo oficial y en la noche, eran torturadores; en eso se basaba su "eficiencia y sacrificio". El Delta 5, en Mayo 93, fueron quienes más cruelmente torturaron a una chica que tenía 19 años, la detuvieron con una gran cicatriz, tamaño de un melón, en la cara y estos señores en las torturas le sacaron la costra de su piel de a pocos y le colocaron electricidad en su vagina, que más tarde le ocasionó una cervisitis crónica.

Posteriormente, me enteré que la sentenciaron a cadena perpetua; los otros detenidos contaban que, últimamente habían bajado la intensidad de las torturas, a raíz de la muerte de un joven ingeniero que lo mataron a golpes en la cabeza y a otro chico de 17 años, le dispararon en la cabeza; luego, ya muerto, fue absuelto. ¿Dónde queda el respeto a la integridad física, psíquica y moral que la Constitución ampara? Hay quienes opinan que era necesario violentar las garantías constitucionales para acabar con los "terroristas"; es sólo justificación e hipocresía. Todo esto llevó a una gran injusticia, al uso cotidiano de la tortura, para obligar a que uno se autoinculpe o culpe a otros.

"¿Qué tenía que hacer yo, una civil, en una base militar y, peor aun, expuesta a estos tratos? Hasta el abogado defensor era otro encapuchado"

Al quinto día, el teniente me dijo que no tenía salida, que ya me habían "echado". Yo le dije que estaba equivocado y que era mentira, un invento de ellos, me cogió de los cabellos y me tiró una cachetada. Yo no creía, además ¿quién? AI día siguiente me sorprendió que alguien me llamara, era la persona que fue detenida conmigo; me dijo que la perdonara, que le habían torturado y para que no siguieran tuvo que aceptar esas falsedades. Yo no sé qué sentí, si pena, rencor, incomprensión: todo se cruzó por mi mente; luego, ya más adelante, comprendí que era un abuso, pues, nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo o contra otros; así lo señala la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Art.7. Asimismo la Constitución del 93, , Art.2. Inc.h, señala que carecen de valor las declaraciones obtenidas por violencia; sin embargo, cuando a los 45 días me llevan a la base de Las Palmas, fue argumento para juzgarme por "traición a la patria" ¿qué hacía yo, una mujer civil, estudiante, en una base militar detenida?; el trato era hostil y en condiciones de prisión inhumanas, en una jaula de 1.50 mts. de ancho y 2 mts. de largo.

Cuando aceptaban que saliéramos al baño, íbamos con grilletes en manos y pies, unidos por cadenas; otros oficiales, para no dar permiso, daban un recipiente, para ahí, hacer nuestras necesidades. La alimentación consistía en media taza de lentejas con gorgojos; eso teníamos que comer, grano por grano. Adelgacé considerablemente, varios detenidos tenían fuertes problemas de salud.

También, había un joven que, cuando estaba abierto el portón, lo veía pasar; era tan delgado que parecía que era de los campos de concentración nazi, su cabeza era más grande que su cuerpo y tenía una joroba, peor aún con los grilletes en manos y pies, verlo parecía un preso de dos siglos atrás arrastrando cadenas.

Mi juicio fue una formalidad, en una sola mañana fuimos condenados 15 personas, cada uno de diferente caso y con su propia historia. Fue un tribunal con jueces militares y sin rostro, en sólo dos sesiones: una con el médico legista y otra para mi instructiva que el fiscal mandó ampliar por dudas, pero esta ampliación nunca la hicieron "gracias" a que Fujimori impuso: "la duda favorece a la sociedad", trastocando así el principio constitucional de "la duda favorece al reo", perjudicando a los que fuimos sentenciados con la ley 25659, incluso el abogado defensor de oficio era otro encapuchado; cuando dictaron sentencia él sólo me dijo: "Vilma, vas a salir vieja". Esta ley ha sido declarada inconstitucional. Sin embargo, no fue derogada, como hubiese sido lo justo.

Hoy tendré nuevo juicio con la ley 25475, que también es inconstitucional y ha sido cuestionada por la comisión Interamericana de derechos Humanos, pues, en esencia tiene el mismo carácter de la otra ley. Se pretende corregir una ley, con otra igualmente violatoria, por ser amplia y difusa la tipificación de "terrorismo", obviando que son tantas personas (1200) que ya estamos más de doce años y en condiciones de prisión muy difíciles; lamentablemente existe esa estigmatización frente a los acusados por terrorismo; aparte de lo costoso que es contratar un abogado, el otro problema real y que no se puede tapar es que existe hostigamiento a la familia y abogados, acusándolos también de "colaboradores con el terrorismo"; valga decir que, la imparcialidad con que se desenvolverá este nuevo juicio es relativo, incluso hasta sujeto a la situación internacional de conflicto que se da en el mundo.



De la Revista "LA VOZ DE AFADEVIG", N° 3.

Fuente: Asociación de Familiares de Presos Políticos, Desaparecidos y Víctimas de Genocidio - PERU (www.afadevig.org)