Inicio Política Actual Campañas Documentación PCP Marx - Lenin - Mao Tse-tung Enlaces Contacto


CARTA A L. Y M.

Puno-Yanamayo, Junio-Julio 1992



Querida L y M.:

Apenas conseguí lápiz y papel, empecé a escribirles. Cada día esta carta crecerá y me acercara a Ustedes. Este es un lugar donde los días son muy cortos para nosotros; oscurece a las cinco y quince y no tenemos luz hasta las seis de la mañana del día siguiente, en realidad es un día de solo once horas y tratamos de aprovecharlo al máximo. Esa madrugada del 14 de Abril, sucedió lo que animaba los temores de Kejo, algunos sobresaltos de Betun y varias interrogantes de Punch. Irrumpieron y saquearon lo que consideran peligroso para ellos y favorables para sus propósitos de acusar, enjuiciar, encarcelar y asesinar bajo la denominación de subversivos y "terroristas". Los policías cargaron con papeles y libros que nunca entenderán ni leerán. La serenidad y entereza de Kejo fue digna de grandes ocasiones, Betun y Punch estuvieron a la altura de las circunstancias.

o ¿Y qué te va pasar? dijo Betun con manos, ojos y todo su ser.

o ¡Quédate! -¡No te vayas! Afirmo Punch aferrando su cuerpo y alma al de Lobin.

El abrazo de Kejo en la puerta que aun irradia calor y ternura, las lagrimas de Betun y su abrazo agitándose a través de la reja de entrada junto al silencio y brillo especial en los ojos de Punch. Se cerraron las puertas del carro de la policía y el ruido del motor anuncio las distancias. Son huellas y recuerdos que esperan realizar muchos sueños y anhelos. En los días siguientes, la cabeza envuelta y amarrada con una toalla azul, parados, con las manos levantadas y apoyadas contra la pared; al rededor policías maldiciendo, insultando, provocando y golpeando a los detenidos.

o ¡No se muevan, carajo!

o ¡Levanten las manos conchasumadre! ¡Ahora van a ver lo que es bueno! ... ¡Los vamos a colgar! ... Enmarcando las cejas como en un lenguaje extraño, el movimiento hizo que la toalla se desplazara a un lado de la cabeza dejando una rendija a la luz. 81 Era un ambiente de techo alto y piso de loseta, al rededor, en toda la pared, decenas de detenidos en igual posición, dos banca al centro y varios policías dormitando y babeando en ellas. El descenso a los calabozos al tercer día fue como el ingreso a una alcantarilla o a la garganta maloliente de un grotesco fantoche de entraña descompuesta. Tres pisos de siete celdas enrejadas, húmedas y oscuras, de cara a la pared de los cuartos de tortura y oficinas de los mandamases de la policía; calaboceros y calaboceras con una sarta de llaves en las manos, rechonchos y rociados de perfume barato que se mezclaba con el hedor de los baños sin agua, al acecho, amenazando y con las ordenes para conducir detenidos a los interrogatorios. Tal fue el trajinar de la policía en los 12 días siguientes. Frecuentemente se robaban la comida que los familiares enviaban o lo "perdían" en el camino. Por la letra impresa en las bolsas, por el contenido de los envíos y la sazón de las comidas cada uno reconocía a sus seres queridos. Se comentaba, intercambiaba y compartía los saludos y las cosas entre todos, celebrando con cariño esa dedicación y abnegación con que los familiares asistían a los compañeros, asumiendo su parte de sacrificios y penurias en esta gran transformación que sacude al país de frontera a frontera, que es la guerra popular. Para completar su expediente, la presentación de los detenidos ante la prensa "cayo el aparato central de propaganda del P.C. que estaba dirigido por...". Tuvieron que inflar, torcer y maquillar el golpe falso que habían dado para justificar su despliegue operativo y publicitario. Y la gente, el pueblo que posee intuición y claridad se pregunta ¿"si ya golpearon a tantos aparatos centrales como afirma el gobierno, entonces porqué continúan y van en aumento las acciones como si en lugar de disminuir, fueran mas los aparatos centrales"?. Cumplidos los 15 días vino el traslado desde las oficinas de la policía en la prefectura hasta el Palacio de Justicia. Dos motocicletas con agentes encubiertos se adelantaron para hacer reconocimiento y vigilar. Varios carros celulares, 2 portatropas, chalecos antibalas, fusiles AKM, radiotransmisores en decenas de policías enmascarados en gestos fieros que no disimulaban su temor. A una cuadra de la entrada a la Carceleta Judicial, los familiares, periodistas y curiosos. Allí estaba la Sra. Nati acompañada de varias compañeras; se agitaron los brazos, fijaron las miradas, volaron las sonrisas, todos fuimos en ese instante un solo aliente un solo latido. Al bajar a la Carceleta del sótano del Palacio de Justicia nuevamente la revisión personal y de las cosas, nuevamente los registros y preguntas y ese mismo olor y aspecto de cloaca de los calabozos y oficinas del Estado, distintos rastros pero la misma alma de guardián de desagües, entraña misma del viejo Estado de los carceleros y policías. Cuatro rejas a una distancia de 8 metros cada una; hasta el fondo donde están las celdas. Frente a frente una de 7 metros de largo por 6 metros de ancho alberga a 56 presos entre políticos y comunes todos en el suelo sobre frazadas extendidas, la otra de 6 metros de ancho por 18 de largo es la morada de 15 delincuentes comunes, denominados "taitas" por los otros presos y por los guardias republicanos; protuariados, jefes de banda o con mucho dinero que gozan de privilegios como salir fuera de su celda, recibir visitas y contar con cocina, radio y televisión. Son los "Cojo Denis", "Che Carlitos", "Chachi", "Retaco", "Yeti", "Gordo Edy", "Estrella" y otros que fueron trasladados allí desde el penal "Castro Castro" por encabezar sangrientas reyertas, negociados o 82 ajustes de cuentas. Y es que los prisioneros hoy mas que antes son Centros de mayor degradación y opresión de los presos por el Estado y de unos presos por otros presos. Son a la vez vitrinas, mercados y centros de mayor pudrición de la policía y los funcionarios carceleros, quienes dirigen, asimilan y practican los usos, lenguaje, actitudes e intereses del lumpen y los transmiten al resto de la sociedad enarbolándolos y haciendo ostentación de los mismos.

o "Carlos Berrocal!" grito 'Chachi' imitando a los empleados penitenciarios. Inmediatamente uno de los presos se acerco a la reja, y respondió "presente!". 'Chachi' lo cogió del pelo y lo jalo violentamente contra la reja 'Estrella' le sujetaba los brazos a través de los barrotes.

o ¿"Porqué estás tu acá"? - preguntó "Estrella".

o "Por calumnia"- respondió Berrocal con voz temblorosa y los ojos desorbitados.

o ¿"Calumnia no? ¡conchetumadre, estas aquí por haber violado a tu hija y ahora vas a morir! " y "Chachi" descargo feroces pallados en la cabeza de Berrocal.

o "¡Sácale un ojo!"- grito el otro. Berrocal tratando de zafarse pataleaba y gritaba...

o"¡Yo no he sido, ha sido mi hijo!" o"¿O sea que tu estas 'cargando ' y 'pagando pato ' por el?"

o "¡Mentiroso!" En la celda un silencio tenso, miradas furtivas hacia la reja, aparentemente cada uno en lo suyo, nadie intervino ni dijo nada, los empleados penitenciarios que habían proporcionado el 'dato' no se hicieron presentes. En los días siguientes ellos abrieron varias veces la reja para que los 'taitas' entraran a hacer 'cobranzas ', a quitarles frazadas, prendas de vestir o comidas a los otros presos. Nada de eso ocurrió con los presos políticos, por el contrario los 'taitas' los trataban con mucho respeto y dentro de sus poses y ostentación de poder, alardeaban conocer a varios de ellos y los trataban con familiaridad. Un día 'Chachi' me llamo desde su reja:

o ¿"oiga... una palabrita! tengo curiosidad, usted es pariente de los hermanos...?"

o " Si, son mis primos"- respondí.

o "¡ah! yo soy muy amigo de ellos, nos conocimos en el pabellón 8 de Lurigancho. Discúlpenos Ud. si a veces nos podemos majaderos y entramos a la otra celda. Pero ustedes se acordaran de nosotros cuando estén en el 'burro' (en el poder)." Estos que durante años vieron el desenvolvimiento de los prisioneros de guerra en la Luminosas trincheras de Combate de los pabellones 1ª de mujeres y 4B de hombres del penal 'Castro Castre', al mismo tiempo que perciben el triunfo del PC inevitable, sienten que la revolución también los barrera sin 83 reparo alguno. "Hoy es primero de mayo día del proletariado internacional y vamos a celebrarlo! compañeros, en formación! ". La voz retumbo en la celda y 23 presos políticos formaron en las filas de a 3. "¡Arriba los pobres del mundo de pie los esclavos sin pan y gritemos todos unidos viva la internacional"! (...) Como esa, miles y millones de reuniones se celebrarían ese día en todo el mundo, se sabían parte de la clase proletaria y su nuevo mundo y eso los hacia diferentes. Las voces y consignas estremecieron el viejo 'Palacio de Justicia' y salieron libres y se elevaron hacia el exterior, hasta el oído y los corazones del pueblo. El día martes 5 de mayo a las 10 y 30 de la mañana, los empleados penitenciarios abrieron la celda dando voces:

o "¡Formen de a 5, respondan con su apellido materno!" Decenas de guardias republicanos habían bajado hasta el final de la escalera y esperaban a los presos que eran llamados para hacerles la revisión o lo que ellos llamaban "cacheo", de manos contra la pared. Pateando a los detenidos en ambos tobillos para que las piernas queden bien separadas. luego ponerles los grilletes, empujarlos, y apretarlos en la escalera de a dos esperando salir al embarque en los carros celulares.

o ¡"Júntense carajo"!

o ¡Agachen la cabeza!

o ¡Formar de a dos!

o ¡Corran! Corran y varazos en la espalda

o ¡No quiero escuchar a ningún conchesumadre estar cantando carajo!

o ¡Ya saben! y si alguno canta le sacaremos la conchesumadre! - vociferó el que parecía oficial -." El trayecto duro al rededor de 40 minutos, calles y edificios pasaban veloces por la ventanilla del bus. Paradero de ' Hacienda' y curva de 'Canto Rey' fueron los últimos lugares conocidos que desfilaron a nuestros ojos. Antes de que el carro se detuviera totalmente antes del penal 'Castro Castro' ya se escuchaban aplausos y consignas que provenían del interior, incluso pudo leerse la banderola en el techo del pabellón 1ª ¡No al genocidio! en tela roja y letras doradas. Un teniente de la guardia republicana se puso en la puerta y grito: 84 Los de ¡Canto Grande! ¡bajar! ahora me van a conocer, yo voy a chancar! y a todos los que bajaban les descargaba un rabioso varazo en la espalda/ ya dentro, luego de las preguntas, registros y huellas, este mismo fue el que coloco a los presos de manos a la pared les golpeo con su vara en ambas pantorrillas. Algunos de dolor caían al piso y a otros se les hincho tanto que no podían arremangarse los pantalones en varios días. Al transponer la puerta que separaba la alcaidia del resto del pena una rampla de cemento bifurca hasta la entrada del pasadizo central en el que desembocan todos los pabellones de cara a la 'rotonda'. // En todas las puertas grupos de guardias. A la izquierda el enrejado que separa la cocina y las oficinas administrativas, junto al las gradas que dan al pabellón denominado 'Admisión' y de frente al ancho portón de fierro que da al pasadizo central. Los 18 prisioneros fueron conducidos por el alcaide de turno hasta el pabellón 4B por entre decenas de presos comunes de aspecto sombrío y torvo.

o ¿Hay algún 'pelicano'? - grito uno de ellos.

o ¿quién es del Callao? vocifero otro.

A la mano derecha a unos 25 metros del portón el pabellón 1ª de mujeres. Todas sus ventanas habían sido cubiertas con telas blancas en sus cuatro pisos. A penas podía percibirse que atisbaban por entre los pliegues de las telas que cubrían los espacios de puertas y ventanas. Cuatro delegados salieron a recibir a los nuevos prisioneros, sacaron bancas e invitaron a tomar asiento mientras el alcaide les preguntaba:

o"¿Les van a recibir?" En días pasados, numerosos delincuentes, secuestradores y extorsionadores que tomaban el nombre del Partido Comunista para cometer sus fechorías habían sido rechazados y expulsados. En tres bancas colocadas en la pequeña malla a la entrada del pabellón denominado 'gallinero', esperaron los nueve prisioneros. Reencontrarse con amigos y camaradas después de dieciséis años fue todo un acontecimiento y los abrazos y apretones hicieron su parte.

o ¡Cesar!

o ¡Lobin, como estás!

o ¡Tanto tiempo sin vernos...! Al ingresar al 'Pabellón de los senderistas' como también lo denominan al 4B se respiraba otra realidad. El ir y venir de los prisioneros, en un orden y disciplina que obedecía a las diversas tareas del día, hacia posible que los mas de 400 prisioneros se desenvolvían con fluidez, en un ambiente que había sido proyectado para 120 presos. Nuestros primeros pasos en la trinchera encontraron a un grupo de combatientes realizando el lavado 85 de los utensilios de alimentación de sus mas de 400 prisioneros-compañeros. Mas adelante, al final de la rampla que partía del primer ambiente por el lado derecho, llegamos al patio. Amplio pero de forma irregular cercado por una pared de ladrillo de unos 8 metros de alto. Allí un numeroso contingente de combatientes ensayaban marchas revolucionarias al son de las melodías que interpretaba un conjunto musical y al compás de un bombo marcial. Todo lo nuevo, y tratábamos de encontrar allí en el 4B lo que tanto propios como extraños comentaban o difundían. Sentados en el extremo del apoyo que circunda el patio, uno a uno los conocidos fueron saludándose. Allí fue donde llego Hugo Deodato, mas de 10 años sin vernos y su aspecto físico había cambiado notablemente; su rostro era un vigoroso contraste de un fuerte bronceado contra su pelo y barbas blancas; todo el trasuntaba energía; entusiasmo, preocupación y cariño por los compañeros. Allí también se acerca Cesar Augusto. Salvo algunas canas su aspecto era el mismo. Recordamos como la Sta. Naty, hace mas de 16 años, al verlo pensativo y enamorado le decía: "pareces como el chancho que nunca mira al cielo" y el tomaba consciencia de su deplorable estampa y reaccionaba autocriticándose. Al rato un efusivo abrazo con ellos camino a la primera sala, 15 años que no nos veíamos. Le encontré mas firme y a la vez profundo en sus ideas. Había acentuado ese don especial en su trato con las personas que hacia que se tuviera confianza en el.

o "¿Y cómo estás? Me hubiera gustado que sean otras las circunstancias en las que nos encontremos.

o Ahora tendremos bastante tiempo para conversar de todo.

o Te veo bastante delgado, pero aquí en poco tiempo te pondrás bien.

o Claro, ya nos vemos luego. Los delegados nos están llamando.

o ¡Si anda!" "¿Alguno de ustedes requiere dieta o le cae mal algún alimento en especial? "- pregunto el delegado con ojos vivaces que resaltaban a través de sus lentes de aumento mas notorios aun que su propio sombrerito de paja al estilo Borsalino. Ninguno respondió afirmativamente y todos nos servimos el arroz con frijol y atún y tomamos el mate de 'hierba Luisa'. Pasamos inmediatamente a 'salud' en donde nos hicieron una ficha con datos generales, nos auscultaron y finalmente dieron una frotación en las pantorrillas que estaban hinchadas, moreteadas y adoloridas con la golpiza del mediodía. En el trayecto al patio encontramos a Carlos Jesús, siempre sonriente y deportivo, mas delgado que antes y con ese aire de 'ya después conversamos' reflejado en sus grandes ojos verdes. Cuando hay algo no realizado en la vida, y que ha determinado giros bruscos y hasta cambios de rumbos en años enteros, el tiempo parece tener esa medida. Las personas van madurando a medida que pasan de la solución de un problema a otro y están cada vez mas convencidos y seguros de lo que 86 quieren. Encontrar a tantas personas conocidas después de tantos años con muchos pequeños caminos recorridos en intervalos diferentes pero con un mismo ideal y con energías aumentadas llenaba nuestro espíritu de un animo especial. Atrás y muy cerca quedaban los casi 25 días desde la detención por la policía con el saldo de la derrota de su patraña reaccionaria, de numerosos y graves errores cometidos que llevaron al costo. Quedaban llenando todos los demás espacios, pugnando por inundar todo nuestro ser, el recuerdo y presencia de mama Naty, Punch, Betun, Kejo, Carito, nuestros padres, hermanos e hijos y los seres queridos de todos nuestros compañeros. De aquí en adelante viviremos vidas paralelas, pero sólidamente unidas. El mismo día del traslado habíamos hecho planes de encontrarnos el 6, miércoles día de visita y a esa hora de la noche en el patio, se nos venían estas ideas con fuerza y les añorábamos mas. Pero quedaba también la pregunta de si luego de tantos intentos en mas de 16 años, este era el comienzo de la continuación o culminación de la lucha y jornada abnegada, infatigable y enteramente consagrada a la revolución vivida desde 1965 en que conteniendo la respiración escuchábamos con Candelaria las noticias de la guerra en Junio y Cuzco. Esa medida del tiempo nos daba mucho por hacer, que había muchas cosas no realizadas ni resueltas, que algunos años los habíamos perdido, que el tiempo era muy corto y nuestra vida mas aun, que podíamos retomar lo dejado hace 16 años, que eso ya no podría ser y mas bien hoy empezaba la continuación de la jornada inconclusa, que quienes deberían estar ya no están y por ultimo que todo lo nuevo a realizar tendría que ser obra de todos juntos, de los que están y de los que continúan combatiendo junto a nosotros, de los nuevos seres que hemos engendrado, de nuestras compañeras y compañeros, de todos los que hoy estamos ligados por mil hilos a losa millones y todo en una dimensión mas alta. Desde ese patio y a esa hora mi alma mi alma voló hacia ti y se cobijo en tu regazo. Los días posteriores se encargaron de resolver y definir varias partes de esa compleja y necesaria pregunta. Eran las 7. 45 de la noche cuando se produjo el apagón en el penal, por un momento volvió la luz pero luego se hizo la oscuridad total. Parecía una cuestión rutinaria pues hace varios días se daban esos cortes de energía. Con velas encendidas nos ubicaron en la primera sala del primer piso, nos entregaron colchones de espuma plástica y frazadas para dormir allí hasta el día siguiente, miércoles día de visita.

o "¡rojo! ¡rojo! ¡rojo!" en medio del ajetreo resalto una voz:

o "han entrado dos portatropas y unos 150 a 200 guardias armados! En el pabellón se oía como si cientos de puertas se cerraran y abrieran y como si se golpearan grandes cajones de madera.- Hasta hay no sabríamos explicar de donde salieron tantos sacos de arena que cubrieron puertas y ventanas de los cuatro pisos; ni pudimos darnos cuenta en los pocos minutos que tomo el atrincheramiento, como se concibieron y construyeron esos sistemas de seguros en las ventanas, respiradores en las paredes; ni como se transformaron las celdas y todos los cuatro pisos en una gigantesca maquina de combate de 425 corazones en la que cada lugar, cada punto y, principalmente, cada hombre cumplía un papel importante.

o "debe ser un simulacro" pense "como la visita empieza todavía a las nueve, deben estar ensayando para estar siempre preparados y no ser sorprendidos". Uno de los delegados se nos acerco y nos separo en dos grupos, " ¡uno al cuarto piso y otro al tercero!", y designo también a los responsables. Nos disponíamos a tomar nuestras cosas para subir, cuando una estruendosa explosión en el pabellón 87 1ª nos sacudió y remeció todo el edificio del 4B. En días pasados, el gobierno había anunciado por boca de su cabecilla K.F. que "las internas de terrorismo pertenecientes a S.L. serán trasladadas a un nuevo pabellón de celdas individuales construido en el penal 'Santa Mónica' del distrito de Chorrillos". A todas luces ese traslado era solo un pretexto para asesinarlas en un nuevo genocidio contra prisioneros de guerra. Las internas ya habían hecho publica su decisión:' " no nos oponemos al traslado, pero que este se haga con garantías; en presencia de nuestros familiares, abogados y la cruz roja internacional". El grueso contingente policial rodeo el pabellón 1ª, el oficial al mando grito "Salgan para realizar el traslado!", al mismo tiempo que lanzaban decenas de bombas lacrimógenas por las ventanas y la puerta de la cabina del primer piso, que era un ambiente semicircular entre los descansos de las gradas que unían el primero con el segundo. La respuesta de los prisioneros no se hizo esperar: cerraron la puerta, bloquearon las ventanas se atrincheraron y vocearon sus consignas como: "¡traslado a Santa Mónica es pretexto para genocidio!" "¡nuestra decisión: Resistencia Heroica ¡Resistencia Heroica!" "¡nuestro compromiso: dar la vida por el Partido y la Revolución!". La situación era difícil, las decenas de bombas lacrimógenas hacían sus estragos y muchos estaban a punto de asfixiarse. Allí habían también al rededor de 70 compañeros. Por necesidades de espacio y con conocimiento de la autoridad del penal, todos los días pasaban al pabellón 1ª y se acomodaban en las aireas de las cabinas de los cuatro pisos. La primera explosión y las 3 que le siguieron originaron además un incendio de proporciones. El humo y los gases saturaron el ambiente, varios se desmayaron y el equipo de salud atendía a cada uno así como los venteadores trataban de airear contra las bombas lacrimógenas. Varias compañías de bomberos llegaron y trataron de apagar el incendio. La disposición y armamento de las tropas de la guardia republicana hablaba de las intenciones del gobierno: trasladar a las internas si, pero solo a las sobrevivientes A la primera explosión siguieron también descargas de fusilería a cada cual mas nutrida; lo que pensaron iba ser un operativo sorpresivo y fulminante fue parado en seco, todos sus cálculos y previsiones habían sido erróneos, el traslado no podían hacerlo como habían planeado. Ya las llamas habían cedido a los chorros de agua de los bomberos, serian las 9 de la mañana aproximadamente cuando el oficial a cargo del ataque ordeno el asalto del pabellón 1ª por el lado de la cabina dinamitada e incendiada. Entre los fierros retorcidos y humeantes amontonados con trozos de ladrillos y paredes en escombros podía verse un inmenso boquete así como el pasadizo que forman las celdas del segundo piso con la pared que da al patio del pabellón. Allí estaban decenas de prisioneras apiñadas contra la pared para ponerse a salvo de las balas y esquirlas que entraban por las ventanas y estaban también en las celdas protegiéndose de los disparos y los gases. 88 Cuando la primera explosión todos ocupaban ya sus puestos de combate en el pabellón 4B. La defensa se había organizado por pisos y el sistema de vigilancia y comunicaciones era impresionante y operaba con fluidez. Cuatro y treinta, cinco, seis, siete, ocho, nueve de la mañana, desde allí se escuchaba un intermitente traqueteo y ráfaga de fusil y ametralladoras, explosiones de granada de guerra y bombas lacrimógenas. Como toda respuestas, de ambos pabellones, salía un ensordecedor chanqueteo de puertas, ventanas, pisos, catres, fierros y latas que se acrecentaba y multiplicaba en sus ecos por pasadizos, ductos, patios, por la rotonda, los otros pabellones, los cerros circundantes, la calle, la ciudad entera. Resonaban también con férrea determinación de llevar la resistencia heroica hasta al fin, las consignas políticas, reivindicativas y las destinadas a causar efecto psicológico en las filas de la tropa reaccionaria "¡Viva el Presidente Gonzalo, Jefatura del Partido y de la Revolución!" "¡Viva el marxismo-leninismo- Maoísmo, Pensamiento Gonzalo!" "¡Viva el Partido Comunista del Perú!" "¡Abajo el plan de genocidio diseñado por el imperialismo Yanqui y ejecutado por Fujimori, sus fuerzas armadas y fuerzas policiales genocidas!" "¡soldado, subalterno de la policía nacional, que ganas un sueldo de hambre, eres usado como perro carnicero, te tratan con la punta del pie y te aplastan, desobedece a tus oficiales genocidas!" "¡Soldado no seas cuchillo de tu propio pueblo: desobedece a tus oficiales genocidas!" "¡Oficiales genocidas, viles entorchados, solitingos de salón, mequetrefes, valientes para matar, cobardes para morir, la guerra popular los aplastará!" "¡Fujimori genocida, vende patria, la guerra popular te aplastará!" "¡Nuestra decisión...!" "¡Nuestra compromiso...! Así fue el intercambio desigual de la primeras horas, alrededor de las 8 de la mañana se informó de las primeras víctimas, de la arremetida policial y una grave consigna se añadió a las gargantas de los cientos de prisioneros de guerra: "¡Gloria a las heroínas caídas, viva la revolución!" Un estremecimiento de pies a cabeza y una descarga que encubrió los espíritus y elevo la beligerancia de los combatientes recorrió las trincheras. Cada uno sintió que una parte de si había sido herida, había ciado y todo el organismo revolucionario que en conjunto conformaban los cientos de combatientes elevo su espíritu de lucha, afilo su odio de clase tenso todas sus energías y potencio la resistencia. "!La sangre no ahoga la Revolución sino la riega!" "!Genocida vende patria Fujimori, Comando Conjunto, Consejo de Ministros, Fuerzas Armadas y Fuerzas Policiales genocidas, ejecutores del genocidio contra los prisioneros de guerra, la Guerra Popular los aplastara!" Habíamos pensado saludar y estrechar a todos ese día miércoles 6 día de la visita. Varias, en particular con las que nos conocíamos antes, o habían estado junto a nosotros en los días de detención policial y tal vez ya no las veríamos mas. Estabamos seguros, en la misma medida, que ellos también nos esperaban. El estruendo y tensión del entrenamiento ya no dejaba tiempo ni lugar para que eso ocurriera, tal como habíamos pensado.

o ¡La visita esta afuera pugnando por entrar y han traído mas refuerzos policiales!, comunico el vigía. La 89 voz vino de uno de los puestos de observación de la cabina del tercer piso del pabellón 4B, y fue en ese instante que sonó una descarga de fusil AKM, las balas se estrellaron contra las defensas, sin embargo una paso por el mirador y dio en la cabeza de Cesar Augusto. ¡salud! ¡salud! ¡hay un herido! Cargado por cuatro compañeros paso por mi lado el herido. La bala había penetrado de lleno por la frente, abriéndole la cabeza, pero él todavía miraba y movía la boca como si quisiera decir algo. La sangre comenzó a derramarse a raudales en el pabellón 4B, a las 9 y 45 de la mañana del 6 de mayo de 1992. La voz del vigía retumbo nuevamente:

o ¡Están entrando al 1ª! Allí se ratifico en los hechos la importancia de contar con estrategia y táctica superiores, en el combate con el enemigo. Habían transcurrido varias horas desde el comienzo del ataque, y ese era el momento oportuno para que la dirección de la trinchera del 4B, tomara una importante decisión respecto al curso de la resistencia. Entonces fue que decidieron enviar un contingente al 1ª. Dese la sala ¡Viva el maoísmo! que quedaba en el extremo este del tercer piso empezaron a salir en columna de a uno, un grupo de combatientes. El responsable del piso y los que estaban allí los despedían con un apretón de manos y un abrazo "¡éxitos!" "¡éxitos compañeros!". Tenían la tarea de bloquear, impedir el ingreso de la guardia al segundo piso del pabellón 1ª. Rápidamente bajaron por las gradas del segundo piso y de allí al ducto del pabellón. En pocos segundos estaban ya en la escalera que da al 1ª. Simultáneamente, los compañeros del 1ª habían decidido salir a enfrentar a los guardias de asalto en contados minutos. Los plazos fueron fracciones de segundo. Los primeros guardias fueron enfrentados por los del 1ª y sorprendidos por los que llegaban por el ducto. Fue una lucha cuerpo a cuerpo y a muerte. Al guardia que iba adelante lo desarmaron y eliminaron con su propia arma. Una subametralladora UZI. Con esta abrieron fuego con ráfagas contra los que subían en tropel, quienes se replegaron desesperadamente. En el lugar también cayeron 3 combatientes del EGP. De no haberse decidido salir a enfrentarlos para bloquear e impedir el ingreso de la guardia al 1ª, se hubiera producido una gran cantidad de víctimas en el segundo piso, ya que, el boquete por donde pretendían ingresar, se habría frente al pasadizo, entre las celdas y la pared de las ventanas que dan al patio del pabellón, y todos los guardias llevaban un morral de municiones y bombas para cargar sus fusiles y metralletas. Nuevas y estruendosas explosiones sacudieron las trincheras, esta vez trataban de abrir boquetes en la pared que circunda al patio. Luego de varios intentos lograron hacer un hueco de cerca a un metro de diámetro, el que apuntaba en diagonal a las paredes y ventanas de los cuatro pisos. Por allí desataron nueva andanada de ráfagas de fusil AKM y G3 así como de metralletas y armas de otros calibres. Lanzaron docenas de bombas lacrimógenas, vomitivas, paralizantes y comenzaron a disparar cohetes "instalaza". 90 En los cerros que rodean el penal y colindan con las barriadas del Distrito de San Juan de Lurigancho, se distinguían grandes grupos de pobladores que fueron testigos presenciales de los sucesos de mayo. Las densas columnas de humo negro, el estruendo de las explosiones y el incesante tableteo de ametralladoras y fusiles les describían la magnitud de los hechos y el compromiso de hombres y armas que había empeñado el gobierno contra la resistencia de los prisioneros de guerra. Por un momento el 4B se silencio completamente. El estrepitoso chanqueteo semejante a la carga de miles de soldados con armadura de fierro y por terreno pedregoso, alternado con la agitación de consignas de centenares de voces, dieron paso de pronto a un silencio especial. Era que se estaba trasmitiendo la ultima directiva por los cuatro pisos: Todos los prisioneros del 4B debíamos trasladarnos al 1ª, donde el enfrentamiento alcanzaba dimensiones mayores. Los gases afectaron también al 4B, principalmente al cuarto piso donde los venteadores hacían denodados esfuerzos sacudiendo frazadas sujetas de las cuatro puntas. La policía a esa hora ya había sobrepasado el centenar de bombas de gases arrojadas contra el 1ª, en su afán de doblegar a las prisioneras, asfixiarlas u obligarlas a salir. La policía se posicionó del techo del 1ª y golpeando con una comba pretendió romperla para abrir un hueco y poder ingresar. Los combazos avanzaban indetenibles y un nuevo boquete asomo en la pared lateral del patio, esta vez perpendicular al extremo este del pabellón. Las explosiones que le dieron lugar retumbaron varios kilómetros a la redonda; el ladrillo del techo fue pulverizado y dejo al desnudo un entretejido de gruesos fierros por donde difícilmente podría pasar una persona. La respuesta no se hizo esperar; a la carga que voló los últimos trozos de techo que hizo el forado, siguió el agrupamiento y disposición de combate de los 7 prisioneros que habían quedado haciendo contención en primera línea. Allí en lo alto. Colocaron lanzas apuntalando el forado. Atrincheraron muebles, catres y encendieron fogatas y teas tapando el hueco. La bocanada de fuego y humo derribo y disperso a los guardias que se encontraban en el techo haciendo el boquete; pero ellos inmediatamente volvieron a la carga esta vez con desenfreno genocida dispararon, por el fondo del techo, sus armas, granadas, gases y cargas de dinamita, todo al mismo tiempo. Tenían intención de herir y matar a las prisioneras. Tal era la densidad de los gases que hizo estragos entre los combatientes quienes cayeron desmayados por asfixia y heridas causados por los proyectiles. Al disiparse la humareda, siete compañeras que allí se encontraban fueron encañonadas, reducidas y conducidas a los carros de la policía, los que partieron de inmediato con rumbo desconocido. Esto envalentono a la oficialidad parapetrada tras sus tropas. Tomaron un megáfono y a viva voz conminaron a los prisioneros a rendirse:

o ¡No queremos mas derramamiento de sangre! ¡sus compañeras ya fueron trasladadas! ¡ríndanse! ¡sus vidas están garantizadas! ¡salgan con las manos en alto gritando: me rindo por mi Perú!

o ¡Es inútil cualquier resistencia! ¡sus vidas están garantizadas!

o ¡Tienen 3 minutos! Todos habíamos bajado por el segundo piso y entrado al ducto que atraviesa la base de todos los pabellones uniéndolos en circulo. Al diseñar el penal lo pensaron construido para facilitar el acceso de la guardia a los pabellones en caso de motín o rebelión de presos. Llevábamos en las manos galones de kerosene o vinagre, para contrarrestar los gases, y algunas armas consistente en fierros, lanzas o 91 puñales hechos de trozos de catres, hasta ballestas y cerbatanas hechos de tubos plásticos recalentados. Desde los primeros escalones de acceso al ducto, la oscuridad era total. Unos compañeros nos guiaban con seguridad: ¡Avancen rápido! ¡Shhh, no hagan ruido! ¡no se detengan! ¡Sigan compañeros, sigan! Sentíamos al lado de cada uno, una compacta masa de combatientes y el silencio impuesto permitía oír el chapoteo de los pies en el agua empozada, así, con el roce de las manos y cuerpos en las paredes que a medida que avanzábamos aprecian acentuar su curvatura. Veinte metros mas adelante, un haz de luz penetraba proyectando un cono luminoso por el espacio libre que quedaba al acceso casi obstruido al pabellón de los presos comunes. La marcha se detuvo, siguió un murmullo y conversaciones a media voz.

o ¡Compañero Leandro, aquí los comunes nos ofrecen un revolver y dos granadas de piña! ¿Se acepta?

o ¡Leandro! ¡Leandro! La voz corrió discretamente hacia atrás. El se abrió paso entre todos y dijo: ¡recíbele! Y pregunto de inmediato:

o ¿Quién sabe manejar granada?

o ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo sé! se escucharon varias voces. El común intervino: ¡Cumpa, los tombos están amontonados en el patio del 1ª y detrás de la pared a la altura de la "tierra de nadie", se les puede aventar las granadas desde el techo de mi pabellón! Martel recibió las piñas y la tarea de atacar a los guardias. Partió en el acto. A los dos minutos se ilumino un amplio espacio del ducto y permitió ver el perfil de una escalera; fue cuando escuchamos "¡es inútil..."... "!rindánse! y salgan con las manos en alto gritando: ¡me rindo por mi Perú!" "!tienen 3 minutos!"

o ¡Que se rinda tu madre! ¡ven a buscarnos genocida! fue la respuesta. Algunos compañeros corearon consignas pero fueron acallados, no debíamos revelar nuestra posición ni emplazamientos. No transcurrieron los 3 minutos cuando comenzaron los disparos de balas y granadas "instalaza" contra la escalera de entrada al ducto. Habíamos llegado exactamente al tramo de gradas que ascendía del ducto al pabellón 1ª, justo frente al emplazamiento del grueso de las tropas de la policía. Para llegar al segundo piso del 1ª, necesariamente teníamos que pasar por un recodo en 3S que formaban los tres primeros tramos de las escaleras, en donde la policía había centrado su fuego. Solo contábamos con la protección de unos 50 centímetros de pared que enmarcan las ventanas en toda la escalera, y teníamos que subir de un solo impulso, sin detenernos, pues seriamos blancos de los proyectiles enemigos. Y había que seguir la curva de la escalera para no salir por error por las puertas que dan a la primera sala del primer piso o directamente fuera del pabellón donde estaban los guardias, hasta atravesar la cabina dinamitada e incendiada. Aprovechando los intervalos entre descarga y carga, pegados al suelo, casi rampando, los combatientes comenzaron a subir en medio de disparos y explosiones que rebotaban muy cerca de sus cabezas. 92 En muchas ocasiones afrontaríamos situaciones, como esta, con riesgo de muerte. Y teníamos dos ideas fijas en el ultimo instante: ustedes, y caer con el puño en alto; no dejarnos vencer, seguir combatiendo aun después de muertos. Los que habíamos llegado la víspera, no conocíamos los pabellones, ni el ducto, ni los recodos de las escaleras y era mas probable que nos equivocáramos en el recorrido, pero confiábamos plenamente en nuestros guías.

o ¡Ya compañeros, suban! grito el que estaba adelante. De un salto nos encontrábamos como estampados contra la base de la ventana, las balas arrancaban trozos de ladrillo y de cemento que se estrellaban contra nuestras cabezas y cuerpos, algunos pensamos que eran proyectiles que nos atravesaban o rozaban. Un segundo impulso y llegamos hasta la cabina del segundo piso, los disparos no cesaban y allí las ventanas eran más grandes. Entramos rampando por encima de los retorcidos y humeantes fierros y escombros. Allí chocamos de lleno contra el todavía caliente cuerpo del guardia muerto, de bruces, con su uniforme verde y su correaje, parecía estar ocultando la cara o escarbando entre las ruinas, junto a decenas de balas y cartuchos desparramados alrededor. Tres metros más adelante, siguiendo el contorno de la cabina el cuerpo semienterrado de un combatiente, tenía los ojos abiertos y los brazos extendidos, casi en la salida otro caído más, finalmente los primeros metros del pasadizo llenos de ladrillos destrozados, fierros humeantes. Este tramo quedaba justo frente a las ventanas extremas del adyacente pabellón 7ª. Los compañeros y compañeras que colmaban el pasadizo del segundo piso nos recibieron con jubilo, apretones de mano y abrazos. A medida que avanzábamos buscando un lugar para ubicarnos, encontrábamos a los compañeros que deseábamos ver desde la víspera. La primera a quien saludamos fue a Janet, allí estaba también Tania, Vilma nos dijo:

o ¡Qué gusto encontrarlos bien! y había especial ternura en su tono. Extendíamos los brazos y sonrisas para saludar a decenas mas de compañeras que vigilantes, tensas y enardecidas se apiñaban en un orden y disciplina que se mantenía a pesar de todo. Delia fue muy efusiva y hasta bromeo con nosotros y cuando encontramos a Sonia casi riéndose nos dijo:

o ¡miren dónde y en qué circunstancias venimos a encontrarnos! En ese momento comenzaron a retumbar los combazos contra el techo del tercer piso. Al no poder tomarlo de frente, los policías buscaban abrir nuevos boquetes y por allí lanzar sus ataques. Serían las dos ó tres de la tarde y se aproximó creciente el rugido del motor de un helicóptero. Sobrevoló el penal en círculos y en rauda maniobra se lanzó casi en picada contra el pabellón 1ª. A través de las ventanas que dan al patio pudimos verlo; estaba artillado y tenía la inscripción "policía" en su panza. Un zumbido como nota grave de tarka, creciente, chillante y el impacto del "rocket" disparado por el helicóptero en la cornisa de las ventanas del cuarto piso. Todo el edificio fue sacudido desde sus cimientos y la estructura metálica de fierro de 2 pulgadas de espesor voló arrancada quedando además la pared de redoblada estructura metálica rajada y precaria. Tres rockets más impáctaron en cuarto y tercer piso y los cinco últimos en las paredes exteriores del 93 segundo, uno más alcanzó la ventana del extremo final del pasadizo y la destrozó totalmente, varios compañeros de ese sector rodaron por el suelo lanzados por la explosión. Atender a los heridos que iban en aumento, en medio des estruendo de las explosiones y el fuego cerrado de fusiles y ametralladoras era una tarea especial, se los recogía del lugar donde caían, en medio del fuego, se les trasladaba a un lugar seguro para allí darles los mejores cuidados. En varias ocasiones nos asignaron la tarea de trasladar y atender a varios de ellos. Compañeros con heridas de bala en diversas partes del cuerpo y también con esquirlas de granadas, algunos en estado muy grave. La dirección evaluó la situación y escuchamos a través de los encargados y los vigías: ¡Han entrado a la primera sala! están abajo con su megáfono!

o "¡Asalto al cielo!" "¡Asalto al cielo!" Cuando escuché ese nombre pensé que se trataba de una canción, un himno o marcha que deberíamos entonar. Miré alrededor y esperé que alguien dé la voz, pero nada de eso ocurrió. Como cogidos por una mano invisible uno a uno se fueron incorporando 8 compañeros, luego el que parecía ser responsable los llamó por su nombre. Tenían la tarea de retomar la primera sala del primer piso para desbaratar el ataque desde abajo. Se descolgaron cerca a las escaleras que dan a la cabina siniestrada y en acción fulminante barrieron con sus armas de los policías que allí se encontraban. Uno de ellos se retorcía en el piso cogiéndose su pierna herida, chillaba y se arrastraba hacia la salida.

o ¡mamaáaaaaa! ¡mamacita! ¡no me mate! ¡no me maten! El oficial que tenía el megáfono corrió a parapetarse tras sus subalternos afuera y dejó tirado el aparatito en medio de la sala. El resto huyó como pudo. Inmediatamente repercutió y resonó esa exitosa acción. En la trinchera se extendió el júbilo y creció la decisión de resistir hasta el final y aplastar al genocidio. ¡Hemos retomado el primer piso! ¡Los miserables huyen! anunciaron. Las palmas revolucionarias y consignas vibraron con mayor entusiasmo. Y desde el primer piso se voceaban más fuertes las consignas con el megáfono conquistado. A partir de ese momento se intensificó el ataque de la policía desde todos los ángulos. Por su parte los combatientes ampliaron su ataque al patio, a los boquetes desde donde disparaba la policía, avanzaron hasta la ventana del comedor cubierta por una reja inclinada a manera de protector. Fue cuando desde el techo partieron descargas de fusil en forma perpendicular contra los que se encontraban en la planta baja hiriendo a cuatro combatientes. Uno fue impactado en la cabeza y murió casi instantáneamente. Preparando el reforzamiento de las posiciones en el primer piso se había ordenado que un mayor número de compañeros bajara por la abertura secreta construida en la trinchera. Varias decenas ya se encontraban allí y otros tantos nos disponíamos a bajar cuando la guardia realizó un rabioso contraataque. Entraron al patio, volaron la reja que está al final de la rampla y detonaron potentes cargas de explosivos de demolición para abrir un boquete en la pared que separa el comedor de la 94 primera sala donde se estaban concentrado los prisioneros. Entonces tuvimos que replegarnos a la segunda planta y prepararnos a enfrentar también los combazos que tronaban más cercanos desde el tercer piso. Varios guardias se perpetraron en las ventanas del pabellón 7A, emplazaron una ametralladora MAG y dispararon también andanadas de cohetes "instalazas", primero contra toda la pared y ventanas que dan al patio y acto seguido centraron el fuego contra el primer tramo del pasadizo que da a la cabina de la segunda planta, al percatarse de un intenso desplazamiento de combatientes por ese lugar. Todos escuchamos la enérgica voz del compañero Celso que dijo:

o ¡Nuestra trinchera del 4B está intacta vamos todos compañeros allá! Y comenzó la movilización de heridos, mujeres y todo el contingente. El paso obligado era la cabina volada. Para ingresar al ducto no había otro camino. Desde donde nos encontrábamos todos sumaban más o menos unos 40 metros que debíamos rampear a toda velocidad, comenzar en el extremo del pasadizo donde la policía concentró el fuego de "instalazas" y ametralladora, pasar a la cabina, deslizarse por encima de fierros y escombros hasta el borde de la escalera y de allí aventarse de cabeza o parado por una abertura en la baranda de la escalera a 2 metros y medio más abajo. De seguir el recodo normal nos pondríamos a tiro de los guardias apostados en el pabellón del frente.

o"¡Indoblegables"! "¡victoria de la clase!" "¡rojos guerreros!"... Decenas de nombres convocaban a numerosos compañeros de todos los recodos del pabellón 1A. En forma ordenada, cargando sus heridos, agua, kerosene, y víveres se fueron desplazando raudos por el paso hacia el ducto. En varias ocasiones las instalazas y balas hicieron impacto en los que pasaban, todos esperábamos con angustia, tensión y rabia que se disipara el humo y el polvo para ver como habían quedado los compañeros y socorrerlos de inmediato. Las "instalazas" al estrellarse en la pared de concreto encima de las cabezas y cuerpos de los combatientes que rampeaban, explotaban con una llamarada y al mismo tiempo arrancaban trozos de pared en un ensordecedor estruendo. Cuerpos magullados, aventados contra las paredes fierros y escombros; heridos y sangrantes, nadie titubeó ni retrocedió, todos enfrentaron el fuego enemigo y atravesaron el paso hasta el ducto y la trinchera del 4B. Vilma, Carlos, Jesús y otros compañeros cayeron en la cabina y en el recodo de bajada de la escalera pero fueron evacuados todavía con vida hasta el tercer piso del 4B. Serían las 4 y 30 ó 5 de la tarde cuando terminó la acción de paso del 1A al 4B. A esa hora el pabellón de mujeres quedó vacío y ahora era el 4B un hervidero de expectativas, indagaciones, reagrupamientos y recuentos de prisioneros. Combatir con el arma invencible de la ideología del proletariado, el marxismo-leninismo-maoísmo, Pensamiento Gonzalo, bajo dirección del Partido Comunista, organizados en Ejercito Guerrillero Popular y emplazados y fortificados en las Luminosas Trincheras de Combate del 1A y 4B del Penal Castro Castro ; todos los comunistas, combatientes y masas, sabían en el Perú que en algún momento 95 el gobierno de Fujimori iba desatar el genocidio contra los prisioneros de guerra y el momento del choque, de la resistencia heroica se produciría ; era una de las tantas batallas anunciadas y pactadas entre revolución y contrarrevolución y ese día había llegado ya. Pero la estrategia y táctica superiores de los maoístas se puso de manifiesto desde el primer momento. "¡A mayor resistencia, menor es el costo!" era la comprensión y consigna en la respuesta a la embestida genocida desde las primeras explosiones a las 4.30 a.m. de ese día 6 de mayo. Mas lo que terminó por marcar la derrota del plan reaccionario ese día fue la acción de paso de todo el contingente del 4B al 1A. Semejante a una operación de "guerra de movimientos" en el que se combate en líneas exteriores de la base de apoyo. Con ello no solo lograron desconcertar a la policía y desarmar su plan de ataque y asalto del 1A, sino que les causaron gran impacto psicológico en sus filas. Las bajas que sufrieron, la captura de la primera sala del 1A y la impresionante concentración de prisioneros en el pabellón de mujeres, desplazándose por todos los pisos, por el ducto y lanzando una respuesta de resistencia a cada momento más beligerante y contundente terminó por abrumarlos. A las 6 en punto cesaron los disparos. Sabiéndose en desventaja táctica y anímica, esa noche no intentarían un asalto a la trinchera de los prisioneros. El cerco y sitio por la policía se reforzó pero no atacaron al 4B. A oscuras y con calculados movimientos se desenvolvió una febril actividad en las trincheras del 4B, ahora estaban más de 120 compañeras ocupando también los pasillos de los distintos pisos. En ningún momento hubo desorden ni en los alimentos que se sirvieron a las 8 de la noche. Especial dedicación le pusieron a la atención de los heridos. Los médicos y el equipo de salud trabajaron toda la noche, hasta el amanecer, realizaron intervenciones diversas como extracción de balas, esquirlas, colocación de sueros y hasta transfusiones directas de sangre. Nuevamente nos ubicaron en el primer piso junto a una puerta atrincherada con decenas de sacos de arena y allí esperamos el nuevo día. Casi no pudimos dormir tanto por los gases que flotaban en el aire como por el estruendo de las explosiones que retumbaban en el pabellón 1A, cada 10 minutos se escuchaban 2 ó 3 detonaciones. 7 DE MAYO Apenas se retiraron las últimas sombras de la noche nos levantamos y pasamos a ocupar los emplazamientos del día anterior. De los puestos de vigilancia llegaron las voces:

o ¡Han traído más refuerzos policiales! ¡varios carros del ejército han entrado al penal! Desde las ventanas del cuarto piso pudimos ver decenas de soldados trepar por las faldas de los cerros circundantes y elevados, cargando en grupos sus pertrechos de guerra y ametralladoras pesadas. En la creencia de que aún se encontraban allí los prisioneros o para evitar sorpresas, las tropas del gobierno se dedicaron a un ataque masivo y sistemática demolición del pabellón 1A No quedó un solo lugar sin ser ametrallado o bombardeado alternando esporádicos ataques con gases, disparos de fusil y 96 granadas contra el 4B. Así transcurrió todo el día y los reportes de las agencias de la prensa extranjera ya salían por radio a todo el mundo: "Lima continúa el sitio por las tropas gubernamentales contra el penal de máxima seguridad Miguel Castro Castro en Canto Grande, esperando la orden de asalto para sofocar el atrincheramiento de medio millar de presos acusados de terrorismo". La amplia avenida C.Wiese que accede desde "las flores" entrando por la plaza de Acho hacia el distrito de San Juan de Lurigancho y hacia los penales había sido bloqueada en varios kilómetros por pobladores en la madrugada; los familiares no se movieron de la puerta del penal y realizaron diversas acciones de protesta. Cada bala, cada explosión, golpeaba y laceraba sus sentimientos y los lanzaba hacia los seres queridos que allí se encontraban resistiendo. En los días y semanas siguientes organizaron una olla común y allí continuaron indoblegables. Serían las 5 y 45 de la tarde del día jueves 7 cuando se hicieron presentes en el penal la Fiscal de turno y otras autoridades del gobierno. Sus palabras eran las mismas: "¡Que salgan las mujeres! ¡es inútil que opongan resistencia! ¡no queremos más derramamiento de sangre!" No habían podido cumplir con su plan de asesinato masivo so pretexto de "traslado" y empezaron a desesperarse. En sus turbias mentes estaba que salgan las compañeras y luego arrasar el pabellón 4B y cometer un genocidio mayor. Cesó el fuego y comenzaron las negociaciones, un grupo de delegados bajó y trató puntos en un acta con las autoridades. Lo primero era la evacuación de los muertos y atención de los heridos. En segundo lugar estaba las condiciones para el traslado: presencia y participación de abogados, familiares, y miembros de la Cruz Roja Internacional, las prisioneras a su vez, dejarían el atrincheramiento y serían trasladadas. Firmaron el acta y de regreso las delegadas anunciaron la salida de un primer grupo de heridos. En un ambiente explosivo y tenso fueron sacados los primeros heridos hasta la rotonda. El trato con la autoridad era que de inmediato fueran trasladados a hospitales pero nada de eso ocurrió. La Fiscal vociferó: ¡ya salieron los heridos, ahora salgan las internas!. Los delegados de los prisioneros insistieron en sacar los acuerdos adelante ¡Allí va un primer grupo! anunciaron y exigieron atención médica para los heridos. Pero la autoridad revocando los acuerdos optó por el chantaje ¡primero salen las internas y después se trasladan los heridos, o no hay trato!. Los delegados regresaron a efectuar las consultas pertinentes. Al poco tiempo anunciaron: ¡Ahí bajan nuestros delegados! Cuando estos llegaron hasta la autoridad fueron detenidos por la policía y golpeados. Soltaron a una para que vaya a comunicar al resto de la trinchera que a partir de allí corría el ultimátum. El ambiente político se había convulsionado, habían diferentes posiciones entre los reaccionarios, no se ponían de acuerdo en las decisiones finales, pero sobre todo la lucha y protesta popular se tornaba más violenta. Esa misma noche fueron emboscados carros de la policía y atacados locales policiales así como un coche bomba detonó en las inmediaciones del palacio de gobierno accionado por los guerrilleros maoístas. 97 VIERNES 8 Amanecíamos en el tercer piso y contra sus ventanas se estrellaron las primeras granadas de gases a las cinco de la mañana. Un portatropa blindado "Unimog" y otro "Comandcar" se habían estacionado tras los muros del patio del pabellón, y desde allí disparaban ráfagas y bombas. ¡Rojo! ¡rojo! ¡rojo! fue la voz de alerta y toda la trinchera se puso en pie. En andanadas cada vez menos espaciadas la policía lanzaba disparos de todo calibre, bombas de gases y granadas "instalaza". Numerosos compañeros caían delante de nosotros alcanzados por los proyectiles y esquirlas mientras no cesaban el atronador chanqueteo al mismo tiempo que bramaban las consignas. Las autoridades se dieron sus propios plazos y bajaron la intensidad de sus descargas hasta las 2 de la tarde en que debían volver sus representantes. Estos llegaron con lo mismo: "que salgan las internas cargando a los heridos y muertos para proceder al traslado.". Otro grupo de heridos fue sacado hasta "la rotonda" y nuevamente fueron dejados allí por la policía sin brindarles ningún tipo de atención. La autoridad solo maniobraba y aproximadamente a las cinco de la tarde comenzaron los combazos en el techo del cuarto piso hasta las 6 en que pararon todo ataque. ¡Respeten el acta! ¡Atiendan a los heridos! era el reclamo de los prisioneros pero los heridos amanecieron allí, en la rotonda.



SÁBADO 9



A las 6 de la mañana comenzó el enfrentamiento. 540 prisioneros de guerra, entre hombres y mujeres emplazados en disposición de resistencia heroica en toda la trinchera con la decisión y compromiso de dar la vida por el Partido y la Revolución, contra más de 1 500 efectivos de la Policía Nacional y el ejército que durante la madrugada había desplegado sus tropas en los alrededores, dentro del penal y específicamente frente al pabellón 4B. Hasta ese lugar remolcaron un cañón, morteros, ametralladoras pesadas. Todos sabíamos que allí podían quedar nuestras vidas. Recordábamos por los testigos y sobrevivientes, de momentos parecidos en junio de 1986 en el Frontón, Lurigancho y el Callao, y nos cohesionamos más ... Desayunamos té 1 pan frío y medio huevo sancochado y no probamos alimentos en el resto del día. La policía que se había posesionado del techo del pabellón comenzó a triturarlo a combazos para abrir forados. Por el frente, el costado y la parte posterior sincronizaron a través de radiotransmisores ataques masivos con disparos de balas, gases, cohetes y granadas. La resistencia se daba en cada punto atacado. Colocar nuevamente los sacos de arena, reforzar las defensas de las ventanas, encender fogatas, disparar las hondas y ballestas así como tenerlos cerca para sorprenderlos y trabarse en lucha cuerpo a cuerpo, todos en medio de ensordecedores chanqueteos y cada vez más atronadoras consignas. A los combazos en el techo seguían cargas de demolición. Muy rápidamente de fueron destrozando los ladrillos y toda la estructura de aligerado. La sala extrema denominada "viva el maoísmo" en el cuarto 98 piso fue la primera de sufrir los estragos del ataque; apenas comenzó a abrirse el forado los policías soltaron por allí ráfagas, bombas de gases y decenas de granadas así como cargas de dinamita causando heridas y destrozos. En medio de la humareda y el estallido de las granadas, los prisioneros respondieron apuntalando el hueco de lanzas, encendiendo fogatas, bloqueando el posible ingreso de la guardia con toda clase de objetos y muebles. Entonces la policía avanzaba y hacía nuevos boquetes en la dirección de cada sala. Esto duró toda la mañana. Otro frente fue el ducto. Desde el techo comandos de la tropa reaccionaria se habían descolgado hasta la altura del tercer y segundo piso y se aprestaban a colocar cargas en las paredes de las celdas para volarlos con todo los prisioneros dentro. "Gonzalo es Comunismo" les hizo frente por orden de la dirección. Arrojaron una granada y encendieron decenas de colchones colocados sigilosamente. Al ser detectados fueron barridos con ráfagas de fusil AKM y atacados con granadas. Dos combatientes murieron en la acción y otros dos más cayeron por los enrejados del ducto hasta el fondo. Mientras los guardias sorprendidos huían desesperadamente, los heridos fueron rescatados y atendidos en el segundo piso. ¡Hemos retomado el ducto! anunciaron los combatientes. Los boquetes en el techo avanzaban hacia la cabina y las cargas de intalazas y fusilería eran más nutridos contra todas las ventanas. Los gases provocaban asfixia y el humo y polvo sumieron en oscuridad todos los ambientes de la trinchera. La pared que rodea el patio fue volada en varias partes pero no cedía a los boquetes porque estaba reforzada interiormente por el poyo. Luego de varias horas, y con cañones por el ejercito, derivaron un tramo justo en la parte posterior. Varias veces intentaban colocar cargas junto a las paredes y ventanas del primer piso pero una lluvia de piedras, dardos y molotovs se lo impedía. A eso de las 10 y 30 de la mañana, cubiertos por una cerrada descarga de fusiles e intalazas fue cañoneada la pared posterior de la ultima sala del segundo piso denominada "atreverse". Un paño integro de la pared voló en pedazos aplastando y estrellándose contra los se encontraban cerca. Nosotros estábamos como a 15 metros y también fuimos arrastrados por la onda expansiva.

o ¡mi pierna! ¡mi pierna, no la encuentro!

o ¡salud! ¡salud! ¡hay varios heridos! La policía inmediatamente arrojó gases y granadas justo en el momento en que un contingente de prisioneros bloqueaban y atrincheraban el acceso a la siguiente sala. Estas defensas también fueron voladas y todos nos apiñábamos cada vez más hacia la cabina, en la parte delantera, otro numeroso grupo bajó al primer piso. Se atrincheró una vez más cubriendo principalmente el pasadizo que dejaba ver al fondo el inmenso boquete semejante a una gran ventana. Pero estas defensas también volaron destrozadas por las cargas que arrojaban la policía a través del forado del segundo piso. Entonces se optó por el choque y el enfrentamiento abierto y directo. El polvo y el humo no permitían precisar si los guardias habían entrado al piso, la cantidad de granadas, ráfagas y gases que arrojaban 99 hizo suponer que así había sido. No quedaba otra cosa que enfrentarnos cuerpo a cuerpo y desalojarlos. ¡"Canto de batalla"!, ¡"Victoria de la clase"! y otros más fueron convocados y a una sola voz cargaron hacia las posiciones enemigas, hicieron detonar un explosivo casero, arrojaron bombas molotov, dispararon dardos y ballestas y llegaron hasta la misma sala "atreverse". Ningún policía había entrado, disparaban desde afuera, a través del forado. Ahora nos atacaban desde atrás y del patio. Nos movíamos rampando pegados al piso para evitar los proyectiles que lograban atravesar las ventanas y pegados a las columnas de la pared para evitar los disparos provenientes de la parte posterior. Fue allí donde una bala rasgó mi camisa y pico una de las vértebras a la altura de mi cintura. Pensé que alguien me pasaba la voz arrojándome algo pero cuando me volví, la inmensa olla de aluminio que estaba a mi costado presentaba un pequeño agujero de entrada y otro como una pequeña reventazón en el agujero de salida, era una bala de fusil. Un griterío ensordecedor partió de todos los ambientes del pabellón para causar efecto sicológico en las tropas reaccionarias.

o "¡El Partido esta atacando afuera!" fue la consigna y los esbirros se desconcertaron, algunos huyeron y otros comenzaron a disparar a tientas y a locas a su propias espaldas. Las ráfagas que escuchaban los guardias del otro lado del pabellón eran considerados "del ataque del partido" y hubo gran desconcierto en sus filas. Esto sirvió a dar un respiro y nuevos bríos en el enfrentamiento. Pasado el medio día las fuerzas enemigas concentraron su fuego en el segundo y el primer piso. Francotiradores cubrían la incursión de elementos que colocaban cargas en cada punto fortificado de la planta baja o lanzaban explosivos hacia el segundo. La resistencia también se acrecentaba en todos los frentes. Ningún policía ni soldado había podido ingresar a la trinchera y su alardeado "asalto final" que anunciaron a través de la radio fue un estrepitoso fracaso. Así decidieron la demolición total del pabellón y de esa manera consumir su genocidio de exterminio masivo. Tras descargas cerradas de fusiles y ametralladoras seguían estruendosos explosivos que sacudían y hacían tambalear todo el edificio. La dirección evaluó la situación y su voz sonó nítida y firme:

o ¡La resistencia heroica se ha cumplido!

o ¡Antes de morir aplastados, salgamos a enfrentar las balas y probemos nuestra condición de comunista!

o ¡Salgamos camaradas entonando "La Internacional"! A través de los vigías se comunicó la decisión al exterior donde se encontraban los jefes del operativo y otras autoridades.

o ¡No disparen, vamos a salir! 100

o ¡salgan con una bandera blanca! fue la respuesta de los oficiales. Apenas comenzaron a retirarse las defensas de la entrada principal una lluvia de balas la selló nuevamente. En el interior, el acuerdo de la dirección ya se conocía en los cuatro pisos y todos replicamos a los jefes policiales: ¡Aquí nadie se rinde! ¡saldremos agarrados de los brazos entonando "La Internacional"; saldremos a enfrentar las balas!. Y así fue, la dirección dio el ejemplo y salió en el primer grupo. Toda las armas de la reacción se volvieron contra la entrada principal y vomitaron más fuego y balas. Al salir el compañero Tito gritó:

o ¡presos comunes, ustedes son testigos de este genocidio! Y sus voces entonaron vibrantes "! Arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan y gritemos todos unidos viva la internacional. Agrupémonos todos..." Cientos de balas los atravesaron; sus cuerpos fueron violentamente sacudidos y al ser derribados se entrelazaron más. Toda la rampla de la rotonda se tiñó de sangre que la cubrió como una alfombra llameante. Todos ellos fueron fusilados y los que venían atrás también. Los prisioneros salieron en un torrente incontenible y así terminó el enfrentamiento final de la resistencia heroica: cientos de prisioneros saliendo a pecho descubierto a enfrentar las balas contra la impotencia de las hienas asesinas que al ver la cantidad y decisión de los combatientes dejaron caer sus armas y se replegaron aplastados por su derrota. ¡todos abajo! ¡al suelo carajo! ¡manos sobre la nuca! ¡rampen, no se detengan!

o ¡ésa es, ésa es! señalaba un uniformado encapuchado, la compañera era separada y batida a tiros. ¡A ésa, a ésa! gritaron y Janet fue arrastrada y fusilada. Muchos comunes lloraban y gritaban ¡Basta! Nos arrastrábamos sobre los codos. El espacio a recorrer era como de 70 metros hasta la rampla de bajada a la puerta principal del penal. Hasta allí fueron fusilados más de 20 compañeros. Caminando sobre los combatientes un grupo de guardias buscaba e identificaba a los compañeros, levantándolos de los cabellos los iban reconociendo y arrastraban hasta la parte posterior, a la cocina y allí los golpeaban y les gritaban ¡Canta ahora carajo! !Ahora pues grita mierda! y eran fusilados con ráfagas. A mi lado se arrastraba una compañera, pero las mujeres ya habían sido separadas, cuando llegaron los guardias y le levantaron del cabello vieron que era una mujer y uno de ellos gritó ¡ésta también! Luego no supimos más de ella. Me patearon la cabeza y al volverme me preguntaron: ¿éstas herido o sano? - estoy sano. 101 ¡entonces párate y corre carajo!. Instintivamente volvía hacia atrás y corrí hacia el enrejado de la izquierda, los guardias habían formado una especie de callejón hasta un hueco en la esquina de la malla de la "tierra de nadie" frente a la entrada principal del penal y todos debíamos pasar por allí . Ni sentí de inmediato los golpes, patadas, ni el culatazo de fusil en la cabeza que me dieron, me puse en tensión y alerta por lo que dijo su jefe: ¡de diez en diez, allá al fondo!. Pensé en el fusilamiento pero al correr por la tierra fui derribado y quedé tendido junto a otros compañeros. Antes de salir de la trinchera todos nos habíamos cambiado las ropas mojadas y ennegrecidas en toda la resistencia y la mayoría estaba descalzo y solo con un polo de manga corta encima. Los guardias que vigilaban tenían además perros de presa con los que nos hacían morder y toda la noche caminaron sobre nuestras espaldas, nos insultaron y provocaron. ¡manos en la nuca, cara en la tierra!. La fiscal se había hecho presente, gesticulaba y se movía de un lado para otro tratando de aparentar actividad o control de la situación. Ordenó que los heridos fueran evacuados, entonces fueron cargados en un camión del ejército, al cabo de 2 horas el camión partió, los soldados y policías hablaban de chorrillos, la campiña, la playa y el temor de ser desaparecidos y asesinados cundió entre los heridos. El carro dio vuelta a tres manzanas y retornó al penal. Los heridos fueron bajados y depositados en el corredor de la alcaidía en la entrada del presidio, hasta el día siguiente. Uno por uno nos preguntaron a los que estábamos en la tierra: ¡dónde están las armas! ¡habla! Pero las palabras que graficaron su derrota e impotencia fueron; ¿de dónde salieron tantos?. ¿Cómo no han muerto con tanta bala y bomba que les hemos metido?. Domingo y lunes estuvimos en la tierra con la boca abajo, en la mañana del domingo las 10 compañeras fueron trasladadas al penal de Cachiche en Ica y al de Santa Mónica en Chorrillos. Al tercer día se hizo presente la prensa de diarios y televisión y hasta dicen que llegó el genocida vende patria Fujimori. Comenzamos la agitación y protesta primero por el derecho de estar sentados, de movernos y el reagrupamiento de los aproximadamente 370 prisioneros hizo que la guardia se retirara a unos 25 metros. Formando un semicírculo nos vigilaban arma en ristre en grupos de a 15 con chalecos antibalas y pasamontañas negras.



LA CELEBRACION DE LOS 12 AÑOS DE LA GUERRA POPULAR

Hasta el 17 de mayo los acontecimientos en la trinchera y en todo el país ocurrieron remeciendo a la sociedad entera. Las noticias en imágenes y parte de prensa habían dado la vuelta al mundo y nítidamente destacaba en la historia del Perú otro gran hito en la Guerra Popular. La resistencia heroica se había cumplido y representaba un triunfo político, militar y moral del Presidente Gonzalo, del Partido y la Revolución. Un triunfo político porque la resistencia heroica de los prisioneros de guerra de las 102 luminosas trincheras del 1A y del 4B de Canto Grande aplastó el plan de genocidio mayor, de exterminio, diseñado por el imperialismo yanqui y ejecutado por Fujimori, las fuerzas armadas y fuerzas policiales genocidas. A un mes de su golpe de Estado, su desesperado afán de legitimación ante la opinión pública nacional e internacional se estrelló en el abierto, acelerado y profundo desenmascaramiento del real contenido antipopular, contrarrevolucionario genocida del accionar político del gobierno de K. Fujimori. Hasta la OEA, tradicional instrumento del imperialismo, tomó cuenta a través de diversas comisiones del genocidio perpetrado contra los prisioneros de Guerra. Diversos países y organismos internacionales cuestionaron y denunciaron al gobierno, su legitimación fracasó y su aislamiento fue creciente. La revolución tomo la iniciativa en la guerra. Con acrecentado ímpetu de la solidaridad de los comunistas, revolucionarios y masas del mundo entero se expresó rigurosa y contundente. Los cables reportaron acciones contra la Embajada peruana en Méjico. Acciones armadas y pintas del "Comando Héroes de Canto Grande" en Ecuador, la conformación de un comité de apoyo en Chile; manifestaciones en EE.UU. y diversos actos y publicaciones en Europa y Asia. Expresaron la potencia de la Guerra Popular en el mundo y el avance en la internacionalización de la Guerra Popular. Mientras los reaccionarios se precipitaban cada vez más en un mundo de contradicciones. Al igual que el 86 la reacción soñó con el golpe demoledor contra la revolución, a través de sus voceros y los medios de prensa reaccionarios habían difundido la especie que desde el penal se preparaban los planes y emanaban las directivas para las acciones armadas del PCP. Entonces se dieron razones para asesinar a los prisioneros de guerra pensando así descabezar al Partido Comunista. Pero la realidad estrelló sus narices en un rotundo, estruendoso y contundente fracaso de su genocidio mayor de exterminio total. El Partido, la Revolución, lejos de replegarse o debilitarse se fortaleció mucho más y expresó mayor potencia y extensión en su accionar. Bloqueos, fogatas, pintas, marchas, sabotajes, emboscadas, incursiones se multiplicaron todos los días y a toda hora. Desquiciaron sus operativos de seguridad y represión y en el marco del 12° aniversario de la Guerra Popular elevaron mucho más la resonancia y alcance de la Resistencia Heroica y de las celebraciones de los 12 años de guerra popular, hoy en medio del equilibrio estratégico por el que transita la revolución en el país. También quedó plasmada la resistencia heroica, como un triunfo militar. Pues los prisioneros de guerra combatieron con estrategia y táctica superiores. Pese a la inferioridad en armas y potencia de fuego, desplegando heroicidad, valor y coraje, derrotaron cada arremetida de las fuerzas armadas y policiales genocidas hundiendo y aplastando en derrota su cacareado "asalto final" que nunca lo pudieron materializar pues en ningún momento durante los 4 días pudieron tomar las trincheras. Ni las miles de balas y cientos de granadas, bombas, y cohetes disparados por bazucas, morteros, cañones, fusiles y helicóptero pudieron contra la resistencia heroica en las luminosas trincheras de combate del penal de Canto Grande. Y mas llameante se levanta la resistencia heroica como triunfo moral, pues en medio del equilibrio estratégico y en el 12° aniversario de la Guerra Popular. Es una gran batalla victoriosa, un grandioso triunfo contra el recién inaugurado y arrogante gobierno de golpe de estado de Fujimori. Las fuerzas armadas genocidas, mostrando mucho más de que lado esta la verdad, la justicia y la perspectiva de la conquista del poder. En 4 días fragorosos no hubo rendición ni bandera blanca, fue una victoria cabal. 103 El tiempo moral también fue sellado por el ejemplo de la dirección quien a diferencia de la oficialidad reaccionaria que se parapeta en sus tropas para salvar sus pellejos, salió al frente a enfrentar las balas genocidas a pecho descubierto y entonando "La Internacional" dando ejemplo de heroicidad comunista. Desde el mismo momento de la Resistencia Heroica fuimos consciente de su significado y trascendencia, por ello, como ejército victorioso cercado y reducido, mas no derrotado, el reagrupamiento y reorganización de las fuerzas fue algo perentorio. Hicimos asientos de piedras y construimos terraplenes trazando un total de 12 filas desde la malla de seguridad hacia atrás en la "tierra de nadie" fue la nueva trinchera de los 300 prisioneros que allí quedábamos, el resto, mas de 70, que eran los heridos y enfermos fueron ubicados en el pabellón denominado "admisión". Jefes policiales, embrutecidos oficiales de inteligencia y altos mandos militares venían a diario a observar con la mandíbula descolgada la vida en "La tierra". Formación y saludo a las 6 de la mañana en que además se entonaba una marcha o himno antes de los ejercicios y completo orden y disciplina para el aseo, los alimentos, el lavado de ropa y hasta las necesidades fisiológica. Recibimos 100 colchones, un retazo de carpa cubría una parte de la tierra, el viento, el frío y la llovizna nocturna tampoco pudieron mellar el espíritu de los prisioneros de guerra. Todo servía para las labores manuales. Con restos de vidrio se tallaban trozos y astillas de madera para hacer cucharas. Se hacían piezas de ajedrez de ladrillos rotos y todo objeto de metal era pulido y afilado para que sirva al tallado. Con bolsas y plásticos se hacían "bateas" para el lavado de ropa y de tiras de tela cordeles para tenderlas. Todo papel o cartón era útil para hacer anotaciones y se observaba mucho sentido de la economía y eficiencia. Por ejemplo nos entregan 2 litros de agua para el baño personal y 16 litros para el lavado de ropa de 8 personas. Las penurias se presentaban por el lado de los alimentos, medicinas y agua que siempre eran insuficientes. La "paila", comida preparada para todos los internos del penal nos llegaba una vez al día y 4 de siete días de la semana consistente en una sopa rala. En la mañana agua azucarada y panes. De noche extendíamos colchones y frazadas para dormir y todo el campo parecía un ordenado almacén, de día los colchones y frazadas servían para improvisar cuartos y eso preocupaba mas a las autoridades. El día 16 todos montamos guardia hasta las 12 de la noche. El mismo día a partir de las 8 p.m. se desenvolvió una sesión solemne de celebración de los 12 años. Dentro del campo rodeado y cubierto por frazadas una bandera roja con la hoz y el martillo encabezaba el acto junto a una banderola también roja que en letras doradas decía ¡Viva el XII Aniversario de la Guerra Popular! Hubo un informe del Partido y la lectura del pronunciamiento por la Resistencia Heroica, así como palmas. Todo en medio de n ánimo exultante y júbilo colectivo. Luego el brindis, la presentación de nuevos poemas, canciones y marchas, por filas y grupos. Finalmente la fiesta general que duró hasta el amanecer. La guardia redobló la vigilancia, nos miraba y oía y hasta hicieron disparos al aire pero no intervinieron más. Esa celebración también fue otro triunfo de la Resistencia Heroica de los prisioneros de Guerra. Dentro de las numerosas presentaciones pudimos grabar en la memoria la siguiente marcha: Con Marx, con Lenin y el Presidente Mao Jefatura de Gonzalo conduce al comunismo doce años de batallas en Guerra Popular desarrollando bases, conquistando el Poder Partido Comunista, hechura de Gonzalo la verdad de la clase, Gonzalo es comunismo. Con jefe guía y luz blandiendo las armas que la clase forjó en 4 días fragorosos que la historia vivió Partido Comunista en Resistencia Heroica genocidio aplastó. ¡Nuestra decisión: Resistencia Heroica! ¡Nuestra decisión: Resistencia Heroica! Grandioso ejemplo de nuestra dirección con su preciosa sangre la victoria selló en 4 días fragorosos que la historia vivió Partido Comunista en Resistencia Heroica genocidio aplastó Luminosas trincheras, mayo 92 en resistencia heroica, genocidio aplastó. 12 años de batallas. El 22 de mayo fuimos atacados por unos 250 guardias. Su intención era trasladarnos de "La tierra" al patio del 1A distante unos 30 metros. La directiva era tomarnos fuertemente del brazo, formar una cadena alrededor del campo y resistir, y así lo hicimos. Finalmente fuimos arrancados en grupos de a 10 golpeados con palos, fierros de construcción y alambres e introducidos al patio 1A. Muchos fueron desnudados totalmente, masacrados y arrastrados. Ya en el patio, curamos nuestros heridos y nuevamente nos reagrupamos y organizamos. Desde el 105 techo del pabellón y la puerta nos vigilaban grupos de guardias armados; sólo recuperamos algunas de las cosas que teníamos en la tierra, todo tuvimos que rehacerlo nuevamente, nos faltaba desde ropas y utensilios de alimentación hasta frazadas y colchones. Pasaron los días. La visita de los comunes ya se había reanudado y nuestros familiares bregaron por hacernos llegar su apoyo y presencia. Por el hueco que habíamos hecho hacia el pabellón 2A pude verla y hablar con la señora Naty, fue como una inyección de energía y optimismo, ella me refirió en pocas palabras que todos estaban bien, que ella se ira al día siguiente a Cachiche a ver a "la negra", que Don Jesús había viajado a Ayacucho, que ustedes se encontraban bien que no me preocupara, que pronto nos veríamos.... Cuando la autoridad del penal pretendió en los días siguientes impedir la visita de los comunes, éstos reaccionaron violentamente, se cortaron el cuerpo con navajas y asesinaron a tres reclusos entre soplones y violadores. Le gritaron al director "¡Si no entra la visita le enviaremos un cadáver cada hora!" y la visita fue restituida, a su manera ellos asumían la violencia. Desde el techo de su pabellón nos gritaron ¡Cumpas ya aprendimos de ustedes!. En el patio del 1A hasta en dos ocasiones se organizaron campeonatos de fulbito y gimkanas en las que todos participaban pese a las restricciones y penurias, nunca se bajó la guardia, jamás hincamos la rodilla ni nos doblegamos, éramos un solo cuerpo, una sola voluntad, una sola decisión, y sabíamos que nos esperaban situaciones más difíciles.

¡Atrás! ¡Atrás! gritaba el comandante a cargo del operativo de requisa contra los prisioneros del patio, pero no pudo entrar ; ya habíamos encontrado la forma de bloquear la puerta de fierro desde adentro y no la pudieron abrir. Entonces cambiaron de actitud. ¡No va haber golpizas ni maltratos, yo garantizo! decía el comandante.

¡Se trata de una inspección de rutina! Conversaron con los delegados y accedieron a la inspección bajo esas condiciones . Primero formamos mientras ellos revisaban todos los rincones, entonamos marchas, agitamos consignas y se retiraron con el rabo entre las piernas. La segunda vez llegó hasta la puerta un numeroso grupo de guardias al mando de un oficial.

¡Soy el comandante Chamochumbi, nuevo jefe de seguridad del penal, vamos a entrar a hacer una inspección de rutina y todos los huecos que ustedes están haciendo! Puerta bloqueada, trato con los delegados y a esperarlos formados. Al final ellos formaron en fila y nosotros nos colocamos delante de cada uno para que nos hagan el registro personal. Recuerdo que el guardia que me revisó ; tembloroso encontró en mis bolsillos unos bultos, ¿Qué es eso? me preguntó

o materiales para artesanías, respondí.

o sigue nomás muchacho me dijo y me palmeo el hombro. En fin siempre se encuentra de todo en la tierra pensé. Ante la proximidad de la llegada de una comisión de la OEA y la premura de sus previos plazos - el 106 gobierno se lanzó frenéticamente a la refacción del demolido pabellón 1A. Resanaron la primera dejada por la metralla en las paredes, las pintaron y soldaron rejas a las celdas pero no avanzaron mucho por el grado de destrucción en que se encontraba. Los preparativos para la celebración del día de la Heroicidad el 19 de junio ya se estaban poniendo en marcha y se rumoreaba también un nuevo traslado. Nuestra decisión seguía siendo resistir. Cuando nos llevaron a la diligencia judicial percibimos también que muchas cosas habían cambiado. El mismo trato de los comunes, de los guardias y de la misma ciudad de Lima se había transformado. Al llegar a la carceleta ya nos esperaban familiares, abogados, los nuevos compañeros detenidos. Hasta los comunes y empleados penitenciarios nos miraban diferente. Nos alcanzaron toda clase de alimentos y ropa que íbamos concentrando para llevarlos a los compañeros en el patio y ese día el Juez no nos interrogó "porque están pintando las oficinas" nos dijeron. Eso impidió que viera a la Sra. Naty y demás seres queridos. En un momento en que los presos de los tres penales de Lima iban y venían en sus diligencias, se me acercó uno como de 45 años, flaco con cara de perro y me dijo imperativo:

o ¡dame un plátano! Teníamos poco y pensé en los enfermos de la trinchera que necesitaban refuerzo en su alimentación y le respondí:

o Te puedo dar un pan pero no un plátano. El tal "lobo" que así se hacía llamar por el lumpen montó en cólera y me gritó amenazante:

o ¿A mi me vas a negar? ¡Yo tengo 111 meses preso y tu no vas a negarme lo que te pido! ¡Ya te jodiste ahora te voy a quitar todo vas a ver! Buscó entre los otros presos a un tal "banana" que por su aspecto fiero debía ser sicario y criminal y le cuchuchó señalándome con el dedo. Inmediatamente opté por tomar la iniciativa, lo llamé y le dije:

o Mira yo puedo compartir los alimentos contigo pero que entiendas una cosa...

o ¡No, no, no ya no quiero nada ya!

o ¡pero escucha pues! - le grité y continué diciéndole:

o Nosotros somos del 4B de Canto Grande, sobrevivientes del genocidio y tenemos muchos heridos y enfermos...

o ¡ah! ¿ Porqué no me lo dijiste? Disculpa hermano... disculpa cuñado, sigue nomás... Me dio la mano y se acercó a los otros compañeros que habían ido conmigo y estrecho la mano de cada uno diciéndoles ¡disculpa mano! ¡disculpa yo no sabía...! Este pequeño incidente también nos ilustró como estaban las cosas y como nos consideraban después de la resistencia heroica. El día del operativo del traslado la fiscal, la misma de los días del genocidio asomó su artificial cabeza rubia por la reja del patio la que inmediatamente fue bloqueada. Gritó, juró y prometió que nada malo 107 ocurriría, que por nuestro bien nos trasladarían, con ella al lado, a Lurigancho donde por lo menos tendríamos techo que siquiera por una vez en nuestra vida fuéramos sensatos y razonables y que ella no nos dejaría hasta ser instalados en nuestra nueva morada en Lurigancho. Tras tensas deliberaciones accedimos a ser trasladados lista en mano fueron llamando en orden alfabético. Todo lo que teníamos era una frazada cada uno más la ropa puesta. Apenas traspasamos la puerta manos a la pared para un registro personal minucioso. Al llegar a la malla otro registro y al salir hasta la mesa de identificación junto al portón de fierro que da al pasadizo principal, otra revisión. Cientos de policías se encontraban apostados formando una avenida hasta la entrada del penal junto a la alcaldía donde se hallaban estacionados ómnibus para el transporte de los presos. Previamente las huellas digitales, verificaciones, los grilletes y esperar formados entonando nuestros himnos y marchas al unísono con los que quedaban en el patio. Esposados en pareja corríamos hacia. Al llegar un guardia le gritó al que estaba encaramado y agazapado en la entrada posterior del ómnibus, señalándome:

o ¡A éste bájalo! y me pateó y me tiró un puñete en el estomago. Cuando pude subir al carro el de arriba me golpeó en la cabeza, apuntando al cerebro, no se si con un fierro o con un revolver. Tambaleándome me ubique en un asiento y pude escuchar que los otros compañeros denunciaban.

o ¡Señorita fiscal, están golpeando!

o ¡Miserable, está golpeando a los compañeros! La Fiscal se acercó y el guardia se disimuló. Ya en el carro, apenas salió de la cárcel entonamos canciones hasta Lurigancho. ¡Corra! ¡corra! ¡agache la cabeza! ¡al que levante la cabeza se la reviento! gritaban los guardias ya en Lurigancho. Nuevamente huellas y la farsa de examen médico. Una mujer disfrazada de enfermera y que no sabia escribir hacia garabatos en una ficha luego de preguntarnos nombre y edad. Otro con mandil de médico pero con traza de carnicero preguntaba ¿Cómo se siente? Y por un callejón de guardias en el que nos ponían cabe, golpeaban e insultaban íbamos entrando en una celdas grandes construidas al costado del boquete del genocidio del 86 en el pabellón industrial. Antes de que hablara la Fiscal oímos gritos del que parecía jefe de los guardias o director de la cárcel con su voz de chancho

o ¡Aquí las ordenes se obedecen!

o ¡Esto es un penal! ¡penaaaal! ¡ya no están en libertad!

o ¡Ustedes han transgredido la ley; grábenselo bien esto es un penal!

o Yo ya cumplí lo ofrecido, aquí los dejo en estas nuevas instalaciones. dijo satisfecha la Fiscal y se retiró. Acto seguido entraron los guardias corriendo.

o ¡De cara al suelo carajo! y golpearon a todos hasta cansarse. A eso de la medianoche del 4 de junio nos sirvieron comida y trajeron algunos baldes para hacer nuestras necesidades. Ahí no hay baño. Por tres lados la celda tiene enrejados a media altura y el frío como la llovizna y el viento penetraron toda la noche. A la mañana siguiente hicimos la limpieza y nos disponíamos a construir cuartos con los colchones y organizarnos cuando llegó un numeroso grupo de guardias con pasamontañas en medio de un griterío y silbatos. Al abrirse la puerta de fierro, la panza del oficial "penaaaal" llenó el espacio luego apareció el brillante y mofletudo:

o ¡gracias señores! ¡gracias muchachos, se han portado bien!

o ¡A medida que se les va llamando, salen con sus cosas agachados! Uno a uno salíamos corriendo por una doble fila de guardias hasta la pared posterior, allí donde fusilaron a los prisioneros en 1986. Los encargados de la revisión personal empezaron a golpear brutalmente a los primeros compañeros y su jefe grito enfurecido: -¡Ese alusivo de mierda que este golpeando haber que se saque el pasamontañas; por culpa de un conchasumadre pagamos pato todos! ¡oye, dale franco aunque sea a ese huevon! A partir de allí se acercaban y nos golpeaban o amenazaban cuidándose de su jefe.

o ¡Ahora queremos que canten basuras! ¡Agáchense mierdas! ¿Tu vas a cantar? pregunto uno. Al ver que el prisionero no respondía lo esposó y dijo: - Ahora vas a ir conmigo y vas a ver. Subimos en dos carros. En el otro iban los heridos, nos cubrieron la cabeza con las frazadas y empezaron a insultar, provocar y golpearnos por turnos hasta cansarse. Pensamos primero que nos llevaban de regreso a Castro Castro, pero eso no tenia sentido. Por el tiempo de viaje y por la ruta norte tomada parecía que íbamos rumbo a su cuartel de Puente Piedra, pero dieron un viraje de 90 grados hacia el oeste y entonces creímos que nuestro destino era el nuevo penal de ventanilla, del cual se decía que estaba a punto de terminarse su construcción.

o ¡Basuras! ¡Asesinos! ¡creen que destruyendo el país van a cambiar las cosas! gritaban.

o ¡Anoche han volado canal 2 y mi hijita esta llorando porque ya no puede ver "los simpsons"! A cada frase seguía una golpiza asiento por asiento. Varazos en la espalda, en la cabeza, en el estomago, patadas y puñetes hasta cansarse.

o Donde están las armas? preguntaban a uno y a otro.

o ¿Cuales armas?

o ¡Este es el que ha disparado contra mi promoción Idrago! ¡este lo ha matado! y aumentaba la golpiza.

o ¡Yo no he disparado a nadie! respondía el prisionero.

o ¡cínico! ¡asesino! ¡yo te he visto!

o ¿porqué se apoderaron del penal y no quisieron salir por las buenas y resistieron? ¡habla carajo!

o ¿tu me vas a decir, quién es el Presidente del Perú?. El compañero guardo silencio. ¡Ah, no quieres hablar! ¡ya te jodiste ahora te voy a marcar y cuando lleguemos te voy a trabajar toda la noche!, y lo que hizo fue quemarle el pantalón con una colilla de cigarrillo.

o ¡No dicen ustedes que son prisioneros de guerra! ¡Entonces nosotros somos nazis y en las películas los nazis matan a los prisioneros!

o ¿Porqué no le dicen a Gonzalo que venga a salvarlos? El debe estar ahorita con sus mujeres mientras que ustedes están aquí como unos huevones resistiendo.

o ¿Quién es el Presidente del Perú?

o ¡Usted ya lo sabe!

o ¡Uy chucha este es pendejo!

o ¡habla quien es el Presidente?

o San Roman, respondió el compañero

o ¡ese es otro huevon! grito el guardia. ¡Mi presidente es Fujimori porque este mes me va aumentar a 500 soles!

o ¡Ahh! grito uno de los prisioneros por los rabiosos varazos que descargaron en su espalda.

o ¿Porqué gritas? ¡si los prisioneros de guerra nunca se quejan!

o ¡Es que estoy mal y estoy votando sangre!

o ¡ahora vas a votar tus pulmones mierda! y lo golpearon mas. A los compañeros que les golpeaban en la cabeza les gritaban:

o ¡de aquí vas a salir loco! ¡loco! ¡loco! En el carro de los heridos se ensañaron golpeándolos y pateándoles en las heridas. Y siempre la frase que los lapidaba, pronunciada por ellos mismos, iba y venia: "Como no han muerto todos con tanta bala y bombas que les metimos?" Cuando se detuvo el carro, pese a las amenazas pude ver a través de una rendija, ¡el mar! y pense que nos llevarían a la isla penal de "El Frontón" Pero a medida que saltábamos a tierra nos ponían un pasa montañas doblado sobre los ojos y nos empujaban y jalaban hasta el interior de un avión. 110 Apiñados y cubiertos con las frazadas fuimos amarrados por fajas y asegurados con cadenas como si fuéramos carga. Y allí también ¡agachen la cabeza carajo! y patadas a quienes trataban de incorporarse o se movían por lo incomodo de la posición. Ya en la altura nos destaparon en parte. Abrieron las compuertas del "Hercules" y conversaban a media voz. Pensamos por un momento que iban a arrojarnos al vacío. Cualquier cosa se podía esperar de los genocidas. Hasta que el avión comenzó a descender. Serian las 4 y 30 de la tarde cuando el avión toco tierra. Al abrirse la compuerta, una fuerte ráfaga de aire helado nos calo hasta los huesos. Siempre con la cabeza cubierta, ni bien asomamos fuera del avión fuimos cogidos por ambos brazos, llevados en vilo y cargados en un camión, allí de cara al piso hicimos un viaje como de dos horas y media hasta la cárcel "Yanamayo" en un barrio periférico de la ciudad de Puno que tiene el mismo nombre. Sobre nuestra posición, lo supimos casi un mes después. La llegada a la provincia de Juliaca, en el Departamento de Puno, y de allí el recorrido hasta el penal de "mas alta seguridad" del Perú, según los propios catálogos del gobierno; fue un secreto que fuimos conociendo poco a poco. Los camiones entraron hasta el patio exterior del penal, allí saltamos a tierra y prácticamente nos arrastraron hasta el patio interior que estaba medio iluminado por focos y la energía de un generador a gasolina. En la entrada del patio nos esperaba una fila de soldados al pie de grandes pailas. Nos hicieron agarrar dos recipientes rectangulares con asas de alambre, llamados "gamelas" por ellos. Allí, cada soldado vaciaba un cucharón de cada olla. Desde el avión me sentí mal del estomago y me dolía todo cuando llegue a la cárcel. En la penumbra pude ver como los soldados mezclaban la comida y derramaban la mazamorra sobre el guiso. Apenas probé algo y no pude comer mas. Pues nada retenía en mi estomago. Nos arrinconaron en una esquina del patio alumbrados por los debeles focos y en medio de apagones provocados por la voladura de fusibles nos fueron llamando. !Primero las celdas individuales y después las comunes! grito el oficial. Custodiados por decenas de guardias y soldados armados hasta los dientes fuimos distribuidos y colocados en celdas individuales de a 2 y en grupos de 8. Así, por medio de un típico operativo de secuestro, llegamos a una cárcel que ni siquiera terminada estaba de construir, y de cuya existencia desconocía el Perú entero. Despertamos muy temprano cuando un grupo de soldados entro en la celda y nos repatrío panes y café. De ahí en adelante los veíamos a las 6 de la mañana, a la una del día y a las seis de la tarde con su desgastado uniforme verde, chompas y pasamontañas nuevas y su rastro y piel de típico rasgo altiplano, manejados e injuriados por oficiales arrogantes. Nos servían un tercio de la ración normal de un soldado y siempre la comida llegaba fría porque la traían desde un cuartel distante a un kilometro. Irónicamente llamaban sopa a un poco de agua salada y col semicruda brillando en ella; "guiso" a una mezcla semiespesa de harina con sal; y le decían "café" a una tibia agua salobre. Casi inmediatamente se desataron las molestias estomacales, gases y cólicos. Esta situación llego a su punto critico cuando el 90% de los presos sufríamos diarreas durante diez días seguidos con intervalos de dos días luego de haber ingerido frijoles negros, casi crudos y en mal estado y "pata" ácida. Protestamos y decidimos no recibir mas esa comida, lo cual le hicimos saber a las autoridades militares y policiales; y así empezó otra situación conflictiva que hasta hoy se arrastra. La policía contrato una concesionaria para que prepare los alimentos, tanto para los policías como para los prisioneros, pero contando tan solo con la asignación presupuestaria de los prisioneros. Resultado, de allí comen mas y mejor los policías y la tal señora hace su negocio vendiendo platos "extras" en base a la reducción de nuestras raciones. Todos los días falta comida para los prisioneros o se nos recorta la ración. Hasta qué punto la reacción se enreda en sus contrariedades y la implementación de sus planes puede verse en las marchas y contra marchas que dieron aquí. Primero vino el general a cargo de la zona, jefe del cuartel y responsable de la aplicación del plan contra nosotros. Ofreció que nosotros mismos nos haríamos cargo de la preparación de los alimentos y no se cumplió. "Por ordenes superiores", nosotros no debíamos "agarrar armas como cuchillos" argumentaron. El mismo dispuso que saliéramos a tomar el sol en el patio en dos grupos durante dos horas. Tampoco se cumplió. Determino mas cuestiones referentes a la marcha del penal que no se cumplieron en absoluto. El comandante director del penal, se esforzó por establecer cierto orden en el cumplimiento de sus dictados, pero nada se realizo. Hoy, lo único que sabemos va ocurrir y a la hora exacta, es lo que planificamos y ejecutamos nosotros en base a nuestro plan. El saludo y formación en cada celda a las seis y treinta; la canción himno o marcha que entonamos y la cita guía que orientara las actividades del día, es de lo que estamos seguros va ocurrir. Pero en lo que concierne a la autoridad y su plan no sabemos si nos darán 4 panes o 2; si alcanzara las raciones de café o leche; si saldremos o no al patio; si nos darán o no agua; no sabemos a que hora servirán los alimentos y si alcanzara o no las raciones; si curaran ese día a los enfermos o heridos; si nos darán los paquetes que nos trae la visita. Por el lado de ellos, no estamos seguros de nada como tampoco sabemos lo que nos ocurrirá en el futuro cercano; si nos juzgaran aquí en Puno o nos retornaran a Lima. Lo primero fue combatir el frío en los pies, las manos y la cabeza, y nos arropamos con todo lo disponible, pero no era suficiente. El frío nos afectaba mas por la deficiencia de calorías en la alimentación. Resultaba irónico, ridículo y hasta pintoresco ver como desfilaban delante de la celda del que ellos consideran el jefe. Todas las autoridades civiles y militares de la zona. Nos miraban con curiosidad, asombro y hasta temor, aunque se sentían seguros tras los barrotes que nos separaban. Lo único que cumplió el director regional del INPE, una funcionaria cuarentona y coqueta que nos ofreció medias de lana y nos las hizo llegar para el "día del padre". Algo especiales eran las "visitas" de oficiales y subalternos que se daban tiempo, aveces de horas, para acercarse y preguntar sobre la Resistencia Heroica o sobre los motivos y perspectivas de nuestra lucha. 112 Una constante en sus preguntas es el futuro en cercana perspectiva que les espera al triunfo de la Revolución. Algunas razones tendrán- se consideran blancos de la Guerra Popular. El intenso deseo de verles nuevamente a ustedes, estrecharles y decirles cuanto mas los amamos y los llevamos con nosotros en cada instante nos llevo a ideas firmes de abreviar el tiempo y hacer toda clase de aritmética. Para no contar 365 días de año u 8760 horas, sin mencionar los minutos, ni segundos, nos reafirmamos, en tomar la medida en base a cosas hechas, tareas cumplidas y problemas resueltos. Como medida referencial tomamos las semanas, que felizmente solo suman 52 al año. El 15 de Junio, lograron ingresar a "Yanamayo" 2 delegados de la Cruz Roja Internacional. En compañía de elementos de la "cruz negra", es decir de la policía técnica. Recorrieron todas las celdas y nos entrevistaron. Luego hicieron llegar baldes plásticos para cada uno, prometiendo volver al mes. El "Día de la Heroicidad", 19 de Junio, lo celebramos con un acto solemne, la lectura de las carta del Presidente Gonzalo acerca del "Día de la Heroicidad", que fue reconstruida gracias al esfuerzos de memoria de los combatientes. Hubieron poemas y canciones hasta altas horas de la noche. Esta vez la guardia no intervino amenazando con echarnos agua y vociferando insultos y provocaciones como lo había hecho en días pasados cada vez que entonábamos canciones o agitábamos. Ese día todos nos pusimos de pie y celebramos. A fines de Junio vinieron juicios y médicos legistas de la Corte de Puno a efectivizar las diligencias de un "Habeas Corpus" presentado por los familiares y abogados en Lima para nuestro retorno a la Capital. Fue otro hecho que nos saco de la rutina del encierro y el frío. Pero el acontecimiento que mas nos alegro y emociono fue la llegada de los familiares hasta las puertas del presidio. Como el propio genocida mayor a prohibido las visitas para los prisioneros de guerra, solo permitieron el ingreso de paquetes de ropa y alimentos a los que respondíamos con un "recibí conforme" y una firma. Esto ya era un avance en relación al aislamiento y desinformación total en los que nos quieren mantener. A partir de allí siguieron llegando mas familiares y la mama de uno de los compañeros ya se vino a vivir a Puno mientras su hijo permanezca en "Yanamayo". Todo esto nos reconforta y sabemos que, aun los que no pueden viajar vienen con ellos. Las primeras semanas de Julio pasaron volando, en medio de los problemas cotidianos, pero ocurrieron algunos hechos que marcaron los días con mayor incertidumbre y también expectativas en un pronto reencuentro con Uds. El viernes 10 faltaron raciones en el almuerzo y no quisieron darnos mate. Eran ya como las cinco de la tarde y reclamamos agitando consignas. ¡Exigimos mejora en la alimentación, en base al total del socorro alimenticio! ¡teniente...exigimos el mate del medio día! Como el penal es pequeño, algo menos que una manzana, incluido su patio al centro, los gritos y canciones resuenan fuertemente. Esa tarde, no sabemos si accidentalmente o perturbado por las consignas llego hasta aquí un oficial del ejercito con su escolta. Subió a la carrera al pabellón del frente y amenazante pretendió agredir a un compañero. Pero, todos se le enfrentaron y se retiro. Entonces subió al nuestro y directamente se 113 dirigió a la celda del que consideran el máximo dirigente y se puso a vociferar:

o ¡ustedes están causando desordenes! - solo estamos reclamando respondió el c.

o ¡aquí no pueden exigir nada, solo recibir!

o ¡si ustedes siguen con sus gritos y canciones les voy a quitar las frazadas, si siguen los gritos los colchones, si siguen les quito la ropa y si se enferman y mueren, los entierro.

o ¡Usted ha venido a amenazarnos! le dijo el compañero.

o ¡No es una amenaza! ¡es una advertencia! Esto es un penal de alta seguridad y ustedes no pueden seguir haciendo eso! ¡cualquier pedido por escrito, y a través del delegado!

o ¡ya le hemos presentado al general!

o ¡a mi no me han entregado nada! Este personaje y sus soldados habían irrumpido hasta amenazarnos, sin tomar en cuenta a las autoridades y jefes policiales del penal y sin que ellos se enteren o alguno le diga nada. Esto nos preocupo seriamente, pues indica hasta que punto puede campear la arbitrariedad y la impunidad. Durante la noche estuvo rondando y alumbrándonos con una linterna por las ventanas. El argumento que esgrimía este oficial no tenia nada que ver con lo que hacíamos. Como que los 6 minutos en la mañana 3 en la tarde, de agitación, consignas y canciones alteraran su "alta seguridad", o abrieran los candados o redujeran nuestro encierro de mas de 23 horas cada día. Este simplemente vino a provocarnos. Y cuando el compañero le hizo presente que ninguna ley del Estado peruano ordenaba o facultaba tenernos en esta situación, el oficial respondió que como podía hacer alusión a la legalidad que recusa y que si deseaba podía presentar una queja.

o Es que no se nos permitió entrevistarnos con abogados ni jueces.

o ¡Aquí los juececillos no entran! concluyo el jefe militar y se retiro. El 14 conectaron la luz eléctrica del tendido de redes para Puno, ahora el penal esta mas iluminado, pero nosotros seguimos sin luz en las celdas.

o ¡Requisa! ¡Requisa! grito uno de los compañeros y apenas pude ocultar estas hojas, cuando los guardias irrumpieron en el pabellón hasta el fondo del pasadizo. Abrieron las puertas de fierro y entraron a las 12 celdas. Todas dan frente a una pared alta y no hay forma de ver lo que pasa a los costados. La comunicación es hablando en voz alta o gritando.

o ¡vamos a hacer una revisión! ¡sale uno y uno se queda! nos dijeron.

o ¡los huesos están prohibidos! No podíamos creer lo que oíamos. Los trozos de hueso que nos llegaban en la comida y que comenzamos a pulir para hacer adornos, eran el blanco de la requisa. Pero también se llevaron todo lo escrito, así como los pocos lápices y lapiceros que habíamos logrado conseguir.

o ¡Son ordenes del Comandante! decían los guardias. Nosotros protestamos señalando que con esos trocitos de hueso no podíamos hacer daño a nadie y que en todo caso nos dieran materiales para trabajar. Ya nos habíamos percatado del verdadero sentido esa requisa: era preventiva, de ensayo y no era contra los huesos, sino contra la comunicación que manteníamos nosotros. En forma desacostumbrada, el domingo 19 en la noche, después de los alimentos, vino un oficial recién llegado de Lima con un grupo de guardias, y sacaron a un compañero para comunicarle que el y 5 mas retornarían a Lima. En previsión de algún operativo mayor todos nos alistamos. El lunes la sorpresa fue mayor al ver quienes eran los que iban a viajar, y conjeturamos muchas razones. La respuesta llego el martes, cuando bien temprano comunicaron a 7 compañeros mas que también viajarían a Lima, pero tan solo los movilizaron a otros pabellones. A eso de las 11 y 30 de la mañana llegaron 6 nuevos internos. Dos del MRTA y 4 compañeros. La cosa entonces se aclaro: lo de los traslados era una decisión política para el discurso del genocida vendepatria K. Fujimori. Dirá "ya aislé a Morote y a Polay, ya pacifiqué el país" y otras estupideces. Que el mundo carece de distancias cuando nos mueve en actos e ideas una poderosa ideología y la firme determinación de llegar a la meta, es una gran verdad. Desde el primer día aquí, quise llegar hasta ustedes y ahora lo logro cada vez que quiero. A través de mis sueños vuelo hasta donde se encuentran y no hay mas vida sin ustedes, ni amor mas grande que el que hemos construido, aunque durante años no hayamos sido conscientes de lo que teníamos y de lo que éramos capaces. Pase lo que pase, ya tenemos el camino trazado y los pasos determinados; como nunca, me siento orgulloso y feliz de contar con ustedes y de amarles más.



J. D.




[subir]